viernes, 30 de diciembre de 2011

Juego de niños

Estaban dos niños jugando en el fin del mundo, instantes antes de que todo acabara. El más pequeño le dijo al otro:

-¡Rápido! ¡Tienes que hacer lo que mas te apetezca y yo, haré lo mismo!

Entonces, el niño más grande fue corriendo hacia el otro y le dio un abrazo, a lo que su compañero respondió con un puñetazo en la cara, que lo tumbo de espaldas.

-Lo que mas me apetecía antes de terminar era sentir odio hacia ti.

Y sonriendo, mientras su amigo yacía en el suelo, vio como el cielo se teñía de fuego…





Y cuando el cielo se cubrió de llamas, todo el mundo dejo de pensar para siempre...

jueves, 29 de diciembre de 2011

El Astro Rey

Hallábanse conversando un hombre y un Dios sobre temas trascendentales, dentro de las estancias mentales del primero que, a su vez, eran influenciadas por la existencia imaginaria del segundo.


-Y dime, humano, que harías tú en la situación que esta por acontecer en tus oídos. Imagina que vives en una ciudad en la que, a lo largo de los siglos, los edificios han ido aumentando en número y de tamaño de una manera sobrenatural, tanto que han conseguido formar una cúpula que tapa absolutamente el cielo y, por consecuencia, el Sol. La ciudad posee su propio sistema de iluminación y sus habitantes no pueden distinguir entre la noche y el día más que por la hora que indique su reloj. Sigue imaginando y visualízate en una vida en la que has nacido en esa ciudad, una vida en la que todos los que te rodean, incluido tú, estáis recluidos en ella sin la oportunidad de salir de allí.


-Extraña la situación que me haces crear en la cabeza, dijo el humano.


-Solo conoces el Sol por lo que las historias cuentan de el. En tus ideas, la estrella es una inmensa bola de fuego que vive suspendida en un infinito azul al que llaman cielo, y te parece tanto una locura como algo mágico.


-Sin lugar a dudas me lo parecería…


-Imagina entonces que, por motivos desconocidos, eres condenado a salir de la ciudad. De Repente, te descubres los ojos de una venda y te encuentras en una extensión al aire libre donde el “horror vacui” de los edificios ha desaparecido. La claridad lo rodea todo y, al instante, alzas la cabeza y lo miras fijamente: el desconocido y brillante Sol. El esplendor de sus rayos dorados te cautiva a la vez que te causa un enorme dolor en los ojos. ¡Pero es lo más maravilloso que jamás habías visto! ¿Despegarías la visión del cielo y volverías a ponerte la venda o soportarías el dolor hasta tal punto que tus ojos no aguantaran más y, ciego, caerías desplomado?


-¿Si, tal como lo describes, fuera la cosa mas maravillosa que mis ojos jamás vieron, de que me servirían estos sin poder volver a mirarlo nunca mas? ¿No es acaso la mayor satisfacción de un elemento alcanzar la perfección con sus propiedades? Preferiría morir ciego a no volver a vislumbrar durante el resto de mi vida la infinitud del cielo coronado por el Astro Rey.


Y el Dios, sorprendido a la vez que satisfecho con la respuesta del hombre dijo:


¡Cáspitas!






miércoles, 21 de diciembre de 2011

El amanecer del futuro

Dicen que te vieron por la noche, aquel día que tanto frio hacia, subiendo hasta el tejado de tu casa. Una vez arriba, cual condecorado equilibrista, y con los brazos formando una cruz, lo recorriste de una punta a otra con los ojos cerrados. Cuando llegaste a la parte opuesta, tus pies se detuvieron al filo y abriste los ojos, unos ojos que ya no eran los de antes... Entonces, señalando con un dedo hacia el cielo oscuro, solo iluminado por millones de estrellas, dejaste soltar un grito. Y el grito solo era el mensajero de unas palabras que, ojala, y por muy mágico que pareciese, llegaran pronto a su destino.

Dicen que ya no transitas los agujeros negros de tu memoria, que sueñas con visitar los maravillosos escenarios del futuro que está por llegar. Dicen, incluso, que tu sonrisa, que ahora tiñe un color diferente (aunque no por ello deja de ser una sonrisa) ya no oculta el amargo sabor de la desilusión; quiere viajar a nuevas dimensiones. Jamás olvides tu pasado porque es tuyo solamente, pero recuérdalo como pasado que es, y no como el fantasma de lo que está por llegar.



Dicen que te vieron gritándole a las estrellas, pero yo se que, en realidad, solo te estabas despidiendo de una en concreto.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Visiones en el lecho de muerte

Estando en su solitario lecho de muerte, el viejo señor G.D. comenzó a replantearse diversos asuntos de su larga vida. No ha sido mala -pensó-. Había acumulado riquezas, viajado a lo largo del mundo, poseía un status social elevado… sin duda alguna iba a ser recordado. Se había casado varias veces con mujeres de igual posición que él, aunque a ninguna la recordaba con especial cariño; solo eran adornos para acrecentar su imagen. Recordó que, en una ocasión, siendo joven y soñador, se enamoró de cierta encantadora muchacha a la cual dejó escapar por las estupideces de la edad. Pero, ¿por qué se acordaba de ella en este momento? Varias imágenes se dibujaron en su cabeza: se imaginó una historia totalmente diferente a la suya. Sin estar rodeado de lujos comenzaba una sencilla vida con esa señorita. Una vida repleta de sentimientos los cuales no experimentó nunca, como el amor o el cariño. Juntos criaron muchos hijos, que, más adelante, criarían a sus nietos. Una gran familia feliz que cambiaba la imagen triste del lecho de muerte del viejo por otra mucho más entrañable. Volvió a pensar en la realidad. ¿No ha sido mala? -se preguntó-. Y a la vez que lo pensaba, mientras una lágrima caía por su mejilla derecha con más intensidad que por otra por la izquierda, el señor G.D. cerró sus ojos eternamente…

En ese mismo instante, un joven G.D. abría los ojos y despertaba de un extraño sueño. Se levantó, se vistió rápidamente y salió a la calle. Tenía cosas importantes que hacer.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Despertar

Desperté. La oscuridad bañaba toda mi visión haciendo que no diferenciara entre tener los ojos abiertos o cerrados. Me encontraba en una posición vertical, apoyado en algo que me mantenía de pie. No podía mover mis extremidades, de hecho, ni siquiera las sentía. Era incapaz de saber donde me encontraba. Intenté pensar en lo último que hice antes de dormir, pero una extraña niebla envolvía mis recuerdos. No estaba asustado, o al menos, no sentía miedo; solo un pequeño atisbo de curiosidad recorría mi cuerpo. El silencio era absoluto. No olía a nada, incluso no podía experimentar el tacto de mi propia lengua rozando la pared superior de mi boca. Todo era muy extraño. ¿Estaría muerto? Si existía algo que se pudiera comparar con el estado de consciencia en la muerte debería de ser así; la completa tranquilidad en la más absoluta tiniebla. Realmente, no era algo que me importara, por más que no pudiera entender el porqué no lo hacía. Incluso no sentía la menor obligación de intentar el movimiento. Tranquilidad e indiferencia… ¡Sí! Eso era lo que realmente sentía. Si alguien quería venir a explicarme que hacía allí que lo hiciera; no me importaba. Si por otro lado, estaba muerto, tampoco me preocupaba demasiado…

Como si de un flash se tratara, a mi cabeza vinieron imágenes de lo que, supuse, serían mis últimos recuerdos. Me encontraba conduciendo mi vehículo, acompañado por ella, como de costumbre. Llovía como si se fuera a acabar el mundo y era de noche. Desvié mi mirada de la carretera para mirarla. ¡Como me encanta su sonrisa! pensé. Y de repente un fuerte impacto me hacía devolver la mirada hacia delante para ver el rostro de un desconocido impulsado a través del cristal de su automóvil y que rompía el del nuestro…

El sonido de unas puertas abriéndose entro por mis oídos. Una enorme cantidad de luz blanca inundó mis ojos, misteriosamente, sin llegar a causarme ninguna molestia. Podía ver que me encontraba en una habitación, vacía hasta donde mi visión perpendicular alcanzaba ver. Ante mi se presento la figura de un hombre, posiblemente un doctor debido a que usaba una bata blanca y sostenía una carpeta. Mirándome con cara de satisfacción se dirigió a mí:


-¿Cómo se encuentra?

-No me encuentro bien. No me encuentro mal. Simplemente, no podría decirle como me encuentro. ¿Dónde estoy? -me pareció que mi voz había cambiado ligeramente a un tono más metálico-.

-Señor, -dijo el presunto doctor- ha tenido un gravísimo accidente. Prácticamente, lleva muerto semanas. Bajo su previa autorización en vida de donar totalmente su cuerpo a la ciencia, realizamos unos experimentos bastante avanzados y aun en fase de pruebas. Pero parece que los resultados son bastante satisfactorios en su persona. Puede comprobarlo usted mismo.


Al instante, una segunda persona apareció en escena con un espejo móvil de enormes proporciones y se situó ante mis ojos. Lo que vi reflejado en ese espejo, pensé, podría acabar con la cordura de cualquier ser humano.


Más aún, al pensar en ello, no se que es más preocupante: Si el hecho de que ese espejo me mostrara mi propio pecho abierto en canal con millones de circuitos, cables y demás dispositivos sumado a la ausencia casi total de órganos vitales, o, por el contrario, que al ver todo eso, no sintiera el más mínimo impacto.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Formas

Mientras el cigarro se consumía en el cenicero, comencé a crear figuras con el humo que de él emanaba. Primero dibuje una preciosa flor y luego un pie enorme que la pisaba. Ese pie se transformaba en mariposa que, al comenzar a volar, y antes de que alcanzara distancia alguna, la modifiqué por una nube atravesada por un rayo de humo de la que cayeron unas gotas. Tales chocaron con un suelo ficticio para conseguir hacer brotar un árbol, cuyos frutos eran unas caras sonrientes que se retorcían de graciosa manera hasta alcanzar la forma de una estrella de 5 puntas (creo que eran 5). Concentré todo el humo entre mis dos manos y las choque entre sí. ¿Sabéis que surgió al separarlas? La misma flor con la que comenzó todo, solo que, al dibujar el mismo pie que la sepultaba, este no era capaz de conseguirlo. Ni siquiera la acción de múltiples de ellos lo conseguía, haciendo que el humo de sus formas se consumiera con el aire de la habitación. La flor, de un humo intenso, fue adquiriendo mayor brillo a la vez que menor tamaño, hasta que, reducida al máximo, se volatilizó dejando caer un pétalo al suelo. Recogí el pétalo con las manos, lo cubrí totalmente, lo acerqué a mis labios y le susurré unas palabras. Me asomé a la ventana y, sintiendo el frio de otoño al rozar mis mejillas, soplé y extendí mis manos dejando al pequeño pétalo volar al libre albedrío, mientras soltaba tras de sí una estela de humo. Cuando consiguió alzarse a una distancia considerada, chasqueé mis dedos y explotó, dejando ver diferentes formas que fueron difuminándose en el cielo creando una imagen extraordinaria.

El viento hizo el resto, transportando la estampa a través de un sinuoso e invisible camino hasta que, al cabo de un rato, se perdió en el horizonte.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Incongruentes palabras

El viento, en el mes de Noviembre, trajo a mis oídos estas incongruentes palabras.

-Yo no quiero odiarte. ¿Porque voy a querer odiarte estúpida? Yo quiero estar contigo siempre y, como no puedo, odio al resto del mundo. Pero, ¿a ti? ¿A ti como voy a odiarte? Eso sería una gilipollez, eso sería engañarme a mí mismo. Si tú no me quieres, no me quieras, pero yo ya no quiero volver a querer a personas. Las personas son inútiles a la hora de amar, y puede que tu también lo seas, pero, afortunada, me fije en ti, en ti entera y en tu maldita y preciosa sonrisa. Puede que mañana me despierte y no vuelva a ser el mismo, incluso puede que mañana me despierte y me apetezca olvidarme de ti, pero a día de hoy te quiero, y como te quiero más que a nadie no te voy a odiar nunca. Que quede en constancia para cuando ni siquiera te acuerdes de mí; porque, tarde o temprano te olvidarás de mí. Y cuando eso ocurra, se destruirá mi castillo de arena.

lunes, 14 de noviembre de 2011

El sueño de Marte


Encontrábase el Dios Marte pensativo en su aposento. Perteneciente a la estirpe de los antiguos dioses, aquellos que tuvieron que retirarse puesto que el hombre ya no se encontraba bajo su mandato, Marte se planteaba diversas cuestiones sobre todo lo que fue. Adorado en tiempos anteriores, la deidad se preguntaba donde quedaron aquellos dorados momentos en los que con solo oir su nombre los humanos se estremecían. Fue querido por muchos y odiado por otros tantos, pero tenía su lugar en el palacio de ensueño de los dioses. Había sido el guía en innumerables batallas, gestas que acabaron con la vida de cientos y cientos de personas dispuestas a darlo todo por su protector. Ofrendas y oraciones le llegaban a lo largo de los días y templos se construían en su honor. Pero cuando los hombres decidieron entregarse a la ciencia y olvidar a los temibles dioses, este se ganó las vacaciones eternas. Y ahora se encontraba apoyado en un balcón, mirando a las estrellas en la oscura noche, con la armadura colgada en su armario, recordando los viejos tiempos.


¡Oh gloriosos tiempos aquellos!


Esa noche, Marte tuvo un sueño placentero. Soñó que huía de su hogar al planeta que su nombre poseía. En él, lo esperaban copiosas tropas, dispuestas a garantizarle una batalla eterna como ofrenda a su persona. Los soldados, divididos en dos bandos, a saber, el bando azul y el bando violeta, gritaban su nombre al levantar la espada y morían satisfechos por haberlo hecho. Al saber de este asunto, los otros dioses, celosos, enfurecieron sobremanera. Y en sus respectivas estrellas o planetas, lanzaron un ataque contra la divinidad en cuestión. Mas nada de esto sirvió para algo; aquel que se enfrentara a él y a sus tropas unidas, caía rendido en la lucha. El Dios volvió a levantar la espada y acabo con la existencia de los demás dioses en una lucha sin cuartel. El nombre de Marte se expandió por la Vía Láctea, coronándose como el Dios supremo. Todos volvían a aclamarlo, y el reía y reía, victorioso por su hazaña.


. . .


Al despertar, Marte estaba en un estado de euforia y placer inimaginable. Acababa de acontecer lo que podría llamarse “el sueño húmedo del Dios de la Guerra”. Le gustaba imaginar que, cada vez que soñaba cosas así, una batalla estaba por comenzar en algún lugar. Como antiguo Dios, creía que sus sueños se expandían mas allá de los limites de su imaginación. Y con una sonrisa en su rostro, se posó en su balcón a visualizar el mundo; echó la mirada a los países árabes; una guerra estaba por comenzar. Le encantaban estas cosas. Eligió a un bando al azar y comenzó a animarlo. ¡Sangre, fuego, muerte! - gritaba, contento, con los ojos envueltos en llamas. Con esto, estaría entretenido un rato…


No hay mas placer que donde yace el sueño de Marte y se expande.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Sobre el amor y los viajes interestelares


Llevo un tiempo queriendo dejar de escribir moñerías, puesto que el lugar está plasmado de tales y empieza a resultar aburrido y monótono; además, me apetece un montón escribir sobre robots, fantasmas, dioses, demonios... Pero antes de romper con esta etapa autobiográfica-metafórica de escritos un tanto… sentimentales, por llamarlos de alguna manera, me gustaría contaros un par de tonterías más que rondan por este cráneo privilegiado.


El amor, o “el sentimiento de estar enamorado” es algo realmente increíble. De hecho, creo que palabras no conseguirían describirlo a no ser que de un verdadero genio de la escritura se tratase; ¡y qué genio! Aun así, sin considerarme lo último, voy a intentarlo, a la vez que trataré de no parecer una adolescente encaprichada de un deseo temprano.


Imaginaos, queridos lectores, el hecho de poder realizar un viaje interestelar. Cerrad los ojos y buscad en vuestros bolsillos. En el encontráis un billete: el pase para poder subir en la inmensa nave que tenéis delante, brillante, con millones de aparatos que ni os imagináis para que sirven y con pinta de haber costado mucho dinero. Os acercáis mientras una persona os mira diciendo:

-Bienvenidos a la nave Argentus 11.X, que en breves momentos despegará para conducirnos a la estrella Utopía, en la Constelación de los Deseos.


Mientras subís y tomáis asiento, al lado de una gran ventana, algo en vuestro estomago no para de moverse. Estáis nerviosos. Tenéis miedo, pero es un miedo placentero hacia lo desconocido que hace que no podáis borrar esa sonrisa de vuestro rostro. Algunos de los que se encuentran presentes comentan:


-¡Vaya, esto es increíble! Quien pudiera experimentar lo que estamos a punto de hacer nosotros!


Despegue en 3, 2, 1…


Y mientras el aparato alza el vuelo, todos los reunidos comienzan a reir a carcajadas. Parece mentira que hace 1 minuto estuviéramos en la vieja Tierra y ahora sea imposible siquiera distinguir el planeta, cosa normal cuando se viaja a mas de 300.000.000 m/s. Hay quienes piensan que si quisiéramos regresar 10 minutos después de haber salido, todos nuestros seres queridos ya habrían muerto de viejos.

El Universo visto a través de una ventana, planetas, asteroides y un sinfín de colores nunca imaginados por el hombre se plasman ahora ante nuestros ojos a una velocidad inimaginable, pero distinguible.

El que se queda dormido, que los hay, se despierta de un sobresalto y lo primero que hace es mirar por la ventana. Hay quien siente envidia de no poder disfrutar de esta vista siempre que quiera, y hay quien sabe que jamás podrá olvidar el retrato del cosmos aunque se sometiera a tratamiento. ¡Oh bello e inalcanzable lienzo del cosmos! Imaginad poder volar a vuestras anchas entre el vacio celestial y escuchar el ruido en directo de los anillos de los planetas. O tocar con las manos la estela que deja tras de sí un meteorito al pasar por nuestro lado.

Imaginad cuanto queráis pues sois libres de hacerlo.


De repente, una voz nos indica que llegaremos en poco tiempo, a lo que voces indignadas protestan:


-¡Estos es un timo! ¡Si no llevamos aquí más de una hora!

-Disculpe caballero, pero llevamos viajando 2 años! , responde la azafata.


Allí esta, justo al lado nuestra, aunque a kilómetros de distancia, la estrella a la que venimos a quedarnos. Y mientras la nave va despegando, notáis el corazón del astro que late a consonancia con el vuestro…


Increible, ¿verdad? O, quizás haya quien piense que imposible…


En cierto modo es cierto porque, el viaje interestelar es imposible. No hay nave que, además, permita pasajeros y que pueda viajar a la velocidad de la luz sin producir una distorsión espacio-temporal o por supuesto la muerte de los viajeros, etcétera.


-¿Qué es el amor entonces?, me pregunto.

-No lo se, me respondo.


El amor se parece a un viaje interestelar en muchos aspectos, partiendo de la base de que es muy difícil realizar y de que, si se realizara, conllevaría a la muerte de sus integrantes. Esto nos plantea las siguientes preguntas:

-¿Merece la pena enamorarse? ¿Hay que arriesgarse por ver ese paisaje y sentir la sincronía de dos corazones latiendo al mismo tiempo?

No voy a echar por tierra ninguna respuesta.



Ayer imagine que soñaba que en un futuro lejano los viajes interestelares eran posibles. Solo hace falta que se siga avanzando tecnológicamente para poder realizarlos. ¿Y si lo mismo ocurre con el amor? ¿Y si en algún momento puede llegar a ser cierto y verdadero? Creo que, solo hace falta que se siga avanzando sentimentalmente para poder conseguirlo =) .


domingo, 6 de noviembre de 2011

El último sueño del poeta

Ahora, ya sabía donde se hallaba. Sabía que iba a ir a buscarla en ese mismo momento. En ese momento y no otro.

Pese a lo que pudiera encontrarme…


Había pasado el tiempo, mucho mucho tiempo. Subió a lo alto de un acantilado en una playa y contempló el mar, como rompían las olas en las rocas. El sonido se introdujo en sus oidos creando una melodía de desesperanza que se transformó en un amargo sabor en sus labios. Allí, hacía algún tiempo, disfrutó de un hermoso atardecer; recordaba como el viento le despeinaba. No estaba solo…

Se sentó y miró al horizonte. Por mas que su ser le rogara expresar odio, su corazón no se lo permitía. Quería poner el punto y final con una sonrisa en su rostro. En su cabeza una voz recitaba:


Tenues alas rotas…

Solo te has cansado un poco de un cielo demasiado azul…

Ya no hace falta que sonrías para nadie, puedes hacerlo para ti misma.


Y allí se quedó paralizado como un ídolo de roca, preparado para finalizar lo que sería una etapa de sueños y viajes por el Universo acompañado de una estrella de un hermoso brillo.


¿Qué había ocurrido en su búsqueda? ¿Acaso no consiguió encontrarla para retomar el sueño que, un buen dia, habían decidido comenzar?

Si que la encontró… Pero ya no era la misma… Ni siquiera tuvo el valor para despedirse de él ni para explicarle el porque de su marcha. Ni un simple "adiós" o "fue genial mientras duro"… ni un solo beso de despedida… Nada.


Y el poeta, con las manos vacías y un saco de experiencias a la espalda cerró sus ojos. Cerró sus ojos para escribir la última estrofa del que sería su último sueño.

Y una vez concluida, guardo su pluma y jamas volvió a moverse.



Si volvería a soñar o no sería algo que solo el tiempo diría.


jueves, 27 de octubre de 2011

Sobre las 2 de la madrugada...


...la locura me hacia desorientarme cada vez mas. La habitación estaba repleta de humo. La lluvia golpeaba fuertemente los cristales hasta hacerlos vibrar. La televisión estaba encendida sin sonido y una débil luz salía de una lámpara pequeña. La música entraba por mis oídos a través de los auriculares y, relajante, llegaba al cerebro.

El humo entraba en mis pulmones y la música en mi cabeza. Todo lo demás era externo a mí alrededor. Incluso una luz blanca de, posiblemente, un tueno que pronto emitiría un sonido.


. . .


Mi mente empieza primero a imaginar un camino; largo y luminoso desde mi ventana hasta quien sabe donde en el cielo. Salgo y empiezo a subir. Noto mi cuerpo mas ligero que de costumbre, pero decido no pensar en ello. Asciendo tan alto que veo mi casa muy pequeñita, tan alto que una nube se me mete en el ojo. Subo, subo y subo. Ya no se ven casas ni luces de farolas, solo mucha nube entre humo negro.

Estoy muy cerca de las estrellas, tanto que puedo tocarlas; para mi sorpresa son muy diminutas, como cuando las vemos desde el suelo. Aquella estrella me cabe en el bolsillo, la cojo, pero decido comérmela y guárdame dos: una para el camino y otra para probarla cuando se me pase el resfriado y pueda saber a que saben.

Continúo la travesía. Ya no veo la tierra, que si el camino, que es bien brillante y además me asegura el poder regresar a mi cama cuando quiera. Esquivo un meteorito, ¿o quizás me esquiva el a mi? A lo lejos puede verse un altar, flotando. Me acerco. Es un altar antiguo, blanco, con una flor roja encima; una rosa. Tras mirarla unos veinte segundos la toco, la arranco, la acerco a mi nariz, cierro los ojos y la huelo.

El olor me resulta familiar. Veo imágenes con los ojos cerrados. Imágenes muy concretas. Pienso en la posibilidad de recordar ese olor por siempre.


. . .


Estoy sentado en mi cama, no suena música. Oigo el estruendo producido por un trueno. Abro la ventana y todo el humo sale volando y se mezcla con el aire y las gotas de lluvia que, a su vez, estallan en el suelo creando charcos que mañana entraran por los agujeros de los zapatos de muchas personas fastidiándolas un montón.



Son casi las tres de la madrugada; la locura me hace desorientarme cada vez más y encima, no me puedo quitar aquel olor de la cabeza.

viernes, 14 de octubre de 2011

En un rinconcito


Te guardo en un rinconcito de mi mente.

Te guardo en un lugar donde no existe el tiempo y nunca envejeceremos. Un sitio que puede ser muchos sitios a la vez; todos aquellos lugares donde recuerdo tu sonrisa, o tus abrazos o tu preciosa mirada. El sol siempre brilla en un cielo azul a no ser que queramos disfrutar de un día de lluvia o de una noche de luna llena. Allí siempre tienes algo que decirme, y yo siempre tengo algo que contarte, y escuchar tu voz no supone algo nostálgico, porque no hace falta echarte de menos para siempre…

Te guardo porque quise crear un lugar en el que siempre estuviéramos juntos. Porque una parte de mí esta convencida de que a tu lado fue la persona más feliz de nuestra galaxia. Y de esta forma puedo poseer en mis adentros una historia que no me apetece olvidar. Mas aunque este triste, en mi imaginación puedo sonreír cogido de tu mano. Soy el dueño de un mini-universo donde “tú y yo” sigue siendo posible. Entonces, cierro los ojos, viajo hasta allí… y me pongo muy contento.

Se que es mi “conjura de los necios” particular, pero dejadme, yo soy feliz así.

Te guardo en un espacio donde siempre podremos bailar nuestro ultimo vals, donde puedo seguir encontrándome contigo después de un tiempo y que me explote el pecho de alegría. Donde, a veces, tenemos que despedirnos para volvernos a reunir y hacer de lo nuestro algo más mágico.

Es un pequeño regalo que me hago a mi mismo para hacer un poquito más aguantable el día a día. Al fin y al cabo, creo que me lo merezco. A mi me gusta darle importancia a cosas como esta.



Te guardo en un rinconcito de mi mente, donde puedo levantarme a tu lado y volver a enamorarme de ti, de tu cara de soñadora, cada vez que me despierto.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Tu y yo


Nosotros somos dos personas. Y estamos juntos en esto.

Llevamos un largo camino recorrido y si no fuera porque de vez en cuando nos encontramos, callaríamos nuestros pesares para nuestros adentros.

Tenemos un corazón, pero no es uno cualquiera; es un corazón que estaba roto desde hace mucho tiempo, en muchos pedacitos pegados de graciosa manera. Y ahora ha vuelto a romperse. Y un corazón roto que vuelve a romperse es una putada.

Salimos, hacemos de la noche algo increíble y asombroso. Nos convertimos en los reyes de la oscuridad. Pecamos. Somos prostitutas de lujo del vicio porque nos encanta sentirnos amados. Nos reunimos y bebemos hasta morir, hacemos el amor hasta que el cuerpo duerme agotado del cansancio. Nos acostamos abrazados desnudos. Mas al despertar, estamos vacíos.


Pero nos tenemos el uno al otro.


Nos queremos a nuestra manera porque no podemos querernos de otra forma; no se nos tiene permitido… ya tuvimos nuestro momento.

Somos dos personas increíbles con historias que contar increíbles. Reímos y escuchamos, aunque nos gusta ser egocéntricos. Detrás de cada sonrisa que compartimos con los demás existe un siniestro grito, vació, que solo podemos acallar llorando a solas, o, llorándonos el uno al otro... : eso nos encanta. Al fin y al cabo, sabemos distinguir la tristeza en nuestras sonrisas. Nos gusta recordar que hubo tiempos mejores y daríamos lo que fuera por poseer una maquina del tiempo. Soñamos…

Nos regalamos metáforas, caricias de mentira y consejos para soportar mejor la tormenta eterna que vivimos, aunque, cuando estamos separados, nos sentimos como una mierda. No estamos juntos el tiempo que necesitamos, pero nos basta porque, a pesar de todo, sabemos disfrutar de un instante, hacer unos minutos mas soportable esta travesía por el desierto.

Nos imaginamos un mundo bueno, cada uno a nuestra manera con nuestras respectivas compañias. Y, aunque estemos destrozados, nos tenemos el uno al otro.

Porque nosotros somos dos personas y estamos juntos en esto... hasta el final.




Hasta el final, porque dentro de mi es donde vive esa otra persona, que a dia de hoy... no existe.


sábado, 8 de octubre de 2011

Reflexion: Mensaje de un universo paralelo


Cuando los cuerpos que almacenan nuestra esencia se queden quietos,
y vague eternamente el subconsciente,
cada sentimiento volara libre en el viento
y llegaran a los oídos de personas similares en universos paralelos.
Donde no hay ruidos…
y aquella cara triste se convertirá en sonrisa.
Distintos los caminos del destino;
donde hay flores sin espinas, las espinas son agujas en la brisa.


Y se clavan en el pecho de aquel que quiere escapar;
que por mas que lo intento fallo el poder de sus palabras.
El termino justicia dejo de tener valor
para dejar bailar a sombras donde no correspondían…

Así subyuga el cielo: negando la entrada al dueño
de los sueños no cumplidos pa escaparse a los infiernos…
Donde reina el fuego y su techo tiñe distinto
sin estrellas compañeras que le hagan seguir su rumbo…

Se imagina fundirse con un sol, bañarse en la galaxia,
visiones del futuro y de la infancia;
de ventanas en la nada que albergan distintos mundos…
pongo en tu dedo el anillo de Saturno

y te hago la esposa del espacio sin cadenas.
El libre albedrío de una mente que dejo secuelas
en un ser de algún planeta.
Quien no respeta la verdad acabara como aquel que se despierta

que existía en campos armoniosos
y fue un grano de arena entre miles de un desierto sin palmeras.
Quizás cada huella que deja manchar la vida
sea como la espiral que empieza siempre que termina…

donde todo fluye, la que todo se lo traga.
Cuando no hay solución todo se arregla con canciones.
¡Pongo el cerebro en coma y transmito el mensaje
para que no se cometan tales errores!


Si los cuerpos que almacenan nuestra esencia se quedan quietos
y vaga eternamente el subconsciente…
Cada sentimiento que vuela libre en el viento
llegaran a los oídos de personas similares en universos paralelos.
Todo esta en calma…
Y aquella cara triste se convierte en tu sonrisa…
Donde hay flores con espinas que no pinchan, y, si pinchan, la droga que emana otorga la vida.

martes, 4 de octubre de 2011

Diario de cambio de estación: Verano-Otoño


Se fue el verano… Se retiro por la puerta de atrás, sin despedirse siquiera; sin decir ni una sola palabra. Y de hecho, sabia que no había sido un buen verano. Marchose con la cabeza baja, arrepentido y, me gustaría pensar que, con lagrimas en los ojos.

Siempre fui un amante de esta estación, pero, si os soy sincero, este año estaba dejando mucho que desear. Le acabe cogiendo asco y estaba empezando a odiarlo.

Yo nunca había sido así.

Y vino el otoño, tímido, intranquilo, con el corazón en forma de hojita seca. En mi ciudad seguía haciendo calor y parecía que no se iba a acabar en unos meses. Quizás sea por la alta temperatura que reinaba en el ambiente mezclada con el como me sentía por dentro, o quizás no, hoy he experimentado algo diferente.

Tenía una furia incontrolable dentro de mi cuerpo… Nunca me he considerado una persona violenta, ¡jamás! Siempre he preferido recibir para no tener que experimentar el peso de haber golpeado, por supuesto, con sus respectivas consecuencias. Más hoy una ira inmensurable se había apoderado de mi cuerpo. Dicho claramente, tenia ganas de partirle la cara a alguien.

Y yo, nunca había sido así.Cursiva

Y esa furia, en algunos momentos se metamorfoseaba en una tremenda pena al recordar alguna sonrisilla que otra… en realidad, una sonrisilla en concreto, pero bueno. Es eso. Esa es la cosa; el sentir dentro de tu cuerpo que la furia se transforma en pena, y la pena se torna furia. Es la típica imagen de aquel que destruye una pared a puñetazos mientras las lágrimas le inundan el rostro...

Y como así me siento, así lo escribo.

Si pudiera volver un año atrás, escribiría acerca de lo fabuloso que fue aquel verano, y, respectivamente, de lo bien que me sentía en ese momento; momento en el cual jamás me imaginaria que acabaría siendo yo el que destrozara una pared llorando. Pero no os confundáis, no he roto ni voy a romper ninguna pared; necesito estas manos en buen estado para poder seguir escribiendo…

Se fue el verano y vino el otoño. No pude despedir al primero, pero me quedare sentado y escuchando atentamente que es lo que tiene que contarme el segundo.



Que el Sol mastique mi ira, y la Luna beba mis lágrimas.


sábado, 1 de octubre de 2011

Reminiscencia

-Creo que jamas podre dejar de quererla...

(dijo el Sol al recordar ver a la Luna salir en aquel ocaso de verano).

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Lagrimas de hijos del mar

Imaginaos una ciudad ficticia rodeada de montañas en la que, en sus proximidades no existiera el océano. Ahora imaginad que en esa ciudad viven muchísimas personas con sus respectivas tareas y ocupaciones, amistades y amores. Y puestos a imaginar, imaginemos que la ciudad esta dividida en dos… vertientes, creencias, partidos políticos o como queramos llamarlo. Una de esas dos vertientes esta capitaneada por la personificación de la Justicia, cuyos valores se basan en lo que se basa la justicia mismamente dicha. La otra la dirige el señor Corrupción (una personificación de la corrupción que se rige por sus mismos valores). Una de cal y otra de arena.



Siempre existieron disputas entre los seguidores de Justicia y los de Corrupción. Pero eso es lo de menos. Centrémonos en dos creyentes de la justicia, un hombre y una mujer, enamorados desde la primera vez que se miraron a los ojos. Nada podría separarlos nunca jamás… o eso pensaban ellos. Eran felices compartiendo momentos preciosos juntos, hablando sobre la inmensidad del cielo o lo que podría existir mas allá de las montañas. El, se bañaba en la inspiración de ella y subía a diario a lo alto de la colina donde se conocieron a pintar el paisaje que desde allí se vislumbraba. Y como cada día que pasaba estaba más enamorado de ella, el paisaje dibujado iba siendo más bonito cada vez.


Vinieron malas épocas para aquella ciudad. Los corruptos iban ganando más adeptos entre los justos; el golpe de estado se olía cada día que pasaba. Pero a nuestra pareja protagonista eso no le importaba. El mundo podría ser todo lo corrupto que quisiera que jamás influenciaría en su historia de amor. El seguía pintando el paisaje y ella lo seguía esperando en su hogar, bastante alejado del núcleo de la ciudad, a los pies del fuego de la chimenea donde avivaban la llama de su pasión.


Un día, el señor Corrupción y el señor Justicia se reunieron. Tras largas horas de charla y una buena suma de dinero, Justicia decidió abandonar la ciudad y a todos sus seguidores. Pensó incluso en cambiarse el nombre y empezar una nueva vida en otro lugar. La ciudad paso a ser gobernada por el señor Corrupción, que obligaba a todos los habitantes a ser de su bando, bajo la pena de muerte por la negación de su mandato. En menos de una semana, todo justo se había convertido en corrupto. Bueno, todos no, seguían quedando dos personas…



Ese día había dibujado el paisaje más bonito desde aquella colina. Era tan perfecto, que parecía que el humo que emanaba de las chimeneas en la lejanía era de verdad. Corrió colina abajo, más deprisa que nunca para enseñárselo a su amada. Deseaba verla, abrazarla como nunca, decirle que la quería. Pero al llegar a casa se encontró a esta vacía. ¿Dónde se encontraba?


La busco por toda la ciudad durante días. Con lágrimas en los ojos y más preocupado que nunca (no había llegado a soltar el cuadro), llego el tercer día de su búsqueda. La encontró. El cuadro cayo al suelo en ese instante, quedo destrozado. Ella estaba allí, cogida del brazo de un corrupto cualquiera… sus ojos habían cambiado por completo.


¿Porque había sucedido esto? ¿Que había pasado? Tantas preguntas rondaban su cabeza y nadie podía explicarle nada. Ella ni siquiera le miraba a la cara. Pensó en convertirse en un corrupto, pero no habría servido de nada, eso no le salía.


El último hombre justo subió a su colina. Pinto la ciudad más triste que su pincel pudiera haber plasmado jamás. Una ciudad corrupta y oscura, sin el menor tinte de justicia. Nada de lo que allí ya pasaba le importaba. Y al ver su cuadro terminado comenzó a llorar. Lloro con tanta fuerza que sus lágrimas empezaron a cubrirle los tobillos. Paso un día, y otro, e incluso otro, y el continuo llorando. Lloro tanto que las lágrimas crearon un inmenso mar que, de repente, se torno turbio y escandaloso. Una inmensa ola tapo el cielo y cayo sobre toda la ciudad, arrasando todas las casas y a todas las personas. Cada habitante, en la desesperación de morir ahogado, también lloro. Y las lagrimas de estos ayudaron a aumentar el tamaño del océano que se acababa de crear, dejando en el olvido a aquella ciudad en la que, un buen día hacia mucho tiempo, había comenzado la historia de amor mas bonita de todo el planeta. Y cada persona ahogada de convirtió en un hijo de ese mar que un hombre creo con su tristeza.


Cuentan los marineros que pasan por allí con sus barcos que se puede oír en ese mar un sonido similar a los llantos de desesperanza de una ciudad entera. Y al contar esta historia, se refieren a este como el océano de las lágrimas de los hijos del mar.



Reflexiones de un triste Septiembre



Creo que, si se diera el caso de que exista el Karma, a mi me acaba de dar en toda la cara. Y no digo esto porque haya sido muy malo y me ocurran malas acciones, no. A dia de hoy me considero una buena persona.

Estoy intentando decir que, a veces, alguien puede ser tan feliz, tan feliz, tan feliz que, de repente, esa felicidad explota. Y yo he sido tan feliz que se me ha consumido toda la alegria. Pero ojo, que no estoy triste por ello. Bueno, un poco triste si que estoy... en realidad bastante triste. Pero me alegro de haber sido tan feliz, porque eso es muy bonito. He vivido momentos increibles llenos de dulzura y amor, he sonreido al ver que sonreian por mi presencia, he sido el ser mas importante de la creacion...


Y puesto que viene como anillo al dedo, me gustaria recordar unas palabras que escribi hace bastante tiempo que vendrian a decir algo como esto:


Aun así me baño en la genialidad de mis ideas y sonrio al pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando no faltaba nada... Porque cuando no faltaba nada faltaba la capacidad de pensar en estas cosas.


Donde duele inspira, asi que ha llegado el momento de aprovechar al maximo la genialidad de mis ideas.

¡Que se prepare el Universo!

jueves, 22 de septiembre de 2011

Las fotografias del recuerdo


Y si ella no sabia donde me encontraba, tendría que ir a buscarla. Alce el vuelo y surque los cielos...

Y por más que busque, mi enmienda fue en vano. Cada cielo distinto que sobrevolé escondía encantos que atraían a mis oídos… mas no era eso lo que buscaba mi corazón.

Tras días que parecieron siglos, mi mente nostálgica creyó volverse loca. Ni el sueño ni la comida apetecianle a mi cuerpo. El dolor torturaba mi alma y la envejecía a cada segundo.

¡Tenia que encontrarla!

No se si fue por el agotamiento, o porque el destino así lo quisiera, todo volvió a pararse y escuche el sonido del viento:


-Abraza el sueño al caer el Sol


Y me lancé a los brazos de Morfeo…

Estaba viajando al mundo de los sueños. Me encontraba en la blanca inmensidad, flotando, etéreo. Había una luz al fondo, a la que debía llegar. Por supuesto, me abalance hacia ella. Y cuanto mas me acercaba, más oscuro se iba volviendo todo. Se dibujaron unas oscuras nubes que brillaban como brillaría el odio de los dioses. Y de estas cayeron los rayos más fieros que atravesaron mi esencia…

¡Pero eso no me importaba, debía llegar como fuese, ya quedaba poco, lo estaba consiguiendo!


-Quizás no gustes de lo que se encuentra al final del camino…


Pero ya había llegado. Estaba en el lugar de mi memoria en el que se guardan todas esas imágenes importantes en el transcurso de una vida. Eran esas fotografías mentales con ella, todos esos momentos que seguían dentro de mi recuerdo. Y las observe una por una, riendo, llorando, emocionándome con cada distinta que mis ojos vislumbraban.


Todo se volvió oscuro. Abrí los ojos. Había despertado….


Ahora, ya sabia donde se hallaba. Sabía que iba a ir a buscarla en ese mismo momento. En ese momento y no otro.


Pese a lo que pudiera encontrarme…



lunes, 19 de septiembre de 2011

A 5 centimetros por segundo


De repente, todo el mundo se quedo paralizado… Lo se porque yo era el único que podía moverse.

Cierro los ojos. Siento como algo se mueve en mi estomago, como si volara…

Los vuelvo a abrir para descubrir que estoy en una oscuridad absoluta, rodeado de estrellas. El centro del universo.

Y cuando miro hacia abajo observo una espiral, un abismo que atrae a todas las estrellas para tragárselas y hacerlas desaparecer para siempre en un infinito oscuro.

Azathoth.

Entonces empiezo a ser absorbido. Desciendo a 5 centímetros por segundo. Miles de imágenes pasan por mi cabeza en ese momento… ¿Estoy preparado?

Veo manos que quieren salvarme, pero, aunque no vea los cuerpos de sus portadores las reconozco a todas y cada una de ellas. Y, como ninguna es la que yo quiero, me dejo tragar… Escucho en mi cabeza:

-Ven, reúnete conmigo y desaparece para siempre.

Me rindo, no quiero luchar. Comienzo a llorar…


Ojala hubiera despertado como siempre de un sueño…

Esta vez, no fue así.



viernes, 16 de septiembre de 2011

Punto de inflexion

Existe en cada persona un punto de inflexion que la determina respecto a como es.

Resulta que, mientras buscaba la razon de porque soy como soy, me di cuenta de que estabamos experimentando uno de esos puntos que pueden cambiar el transcurso de un ser humano. Mi mente paro el tiempo y el viento, rozandome la cara, me dijo:


-¿Sabes donde esta el lugar mas maravilloso del universo?


Y yo le respondi:

-Por supuesto... alli donde esta ella, la misma a la que le prometi mi amor eterno...


-¿Y acaso ella sabe donde estas tu? - me interrumpio.


¡Claro que si! Si no, estoy perdido...


Y si ella no sabia donde me encontraba, tendria que ir a buscarla. Alce el vuelo y surque los cielos...

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿Y si...


-¿Y si nos dejamos llevar, nos cogemos de la mano y hacemos de esto lo mas maravilloso del mundo?



-¿Pero... y si nos equivocamos...?


-¿Y si no?






Hay veces que, cuando despiertas, el cielo sigue siendo azul. Incluso puede dejarte algo increible por descubrir.

Hay veces que hasta puedes despertar entre las flores, despues de un maravilloso sueño.

:)

sábado, 10 de septiembre de 2011

El final del camino

Comienza la funcion. Acto final. Silencio.


Con el rostro inundado de lágrimas, alguien observaba como su estrella en el cielo se apagaba. La soledad se torno vacío mientras su cuerpo se derretía. Cada lágrima que caía por sus mejillas le retorcía la mente de dolor; y cuando la mente duele, duele de verdad. Cada recuerdo, cada pequeño recuerdo se fue borrando a la vez que se preguntaba porque.


¿PORQUE? ¿PORQUE? ¿PORQUE? ¿PORQUE? ¿PORQUE? ¿PORQUE?


Una luz lo ilumino en la inmensa oscuridad. Su voz no emitía palabras, sus palabras no eran importantes; no consiguieron salvar nada. Sentía furia, aunque realmente sabia que era tristeza. Estaba muy triste. Estaba tan triste que sus ojos perdieron el brillo que los caracterizaban. ¿Acaso el tenia la culpa de ser así?

-Ya no quiero soñar más. Ya no quiero volar por el Universo. Ya no quiero sonreír…

-Quiero quedarme aquí plantado para siempre…

-No quiero estar triste…

-¡No quiero estar solo!


PERO ESTAS SOLO


Y en su cabeza solo se repetía la misma frase, cada vez más fuerte, haciendo que le doliera como si mil bombas explotaran a la vez en su interior. Tenía el Big Bang dentro de ella y dolía demasiado. En un segundo experimentaba un siglo de sufrimientos. Estaba perdiendo todas sus ideas. Cada paraíso imaginado se convirtió en cenizas, cada sueño por cumplir se borro. Todo le parecía una mentira…

En el cielo infinito, una estrella se apago. Y esa estrella dejo a una persona llorando en el mundo.

Se cierra el telón. La función ha terminado. Ahora, yo me pregunto:

¿Merece la pena aplaudir?


martes, 6 de septiembre de 2011

El Viajero Espacial


En plena época de la conquista del universo, cierto viajero espacial emprendió un largo camino, rumbo a lo más profundo de la inmensidad de las galaxias. Su misión, o quizás fuera su sueño, consistía en apropiarse de una estrella habitable y darle su nombre, para que así quedara en el recuerdo de los que estaban por llegar en el tiempo. Había pasado tanto tiempo desde el primer viaje a la conquista de una estrella que ya nadie recordaba el porque solían hacerse estas cosas, pero no era algo raro que un humano, cumplida cierta edad, volara rumbo al infinito para hacer suyo un astro; de todos modos, el universo, inmenso universo, poseía millones de estos para complacer a los mortales…

A bordo de su nave el viajero vaga en la noche eterna de un infinito cielo estrellado. Observa que con cada estrella que se topa, alguien se le ha adelantado en la conquista. Y claro, es normal que esto suceda en un mundo en el que la mitad de sus habitantes se encomiendan a esta tarea. De todos modos, el viajero no se conformaría con una estrella cualquiera; su ambición le obliga a encontrar aquella que destaque por su rareza, que deslumbre por su plenitud, aquella que mas se le asemeje.


Y daba igual que esto le ocupara años y años…


Dejaba atrás a una familia, a unos amigos con los que siempre había estado. Para el, al fin y al cabo, eso no era un problema comparado con la satisfacción que sentía al pensar que una vez logrado su objetivo, podría llevarlos a su estrella para brindarles una nueva vida en una nueva dimensión.


Y su búsqueda continuaba sin ningún resultado, cada vez mas alejado de su hogar…


Se encontró con estrellas azules, tan brillantes que cegarían los ojos de cualquiera que las mirara fijamente; estrellas tan oscuras que el simple hecho de aterrizar en ellas asustarían al corazón mas valiente; estrellas de todos los colores que emitían todo tipo de sensaciones… y que, habitadas o no, no le resultaban interesantes.


. . .


Un día, al cumplir más o menos 7 años desde que abandono la Tierra, un sobresalto lo despertó antes de su hora habitual. Fijo las coordenadas. Se encontraba en los límites entre su universo y otro, cerca del lugar en el que terminaba este y empezaba aquel. Sabía que no debía alejarse del suyo puesto que sus mapas no contenían tanta información y podría acabar perdido. Pero una fuerte gravedad le estaba atrayendo… ¡Estaba atrayendo a su nave a prueba de cualquier tipo de absorción de acercamiento por gravedad! Conforme se iba acercando pudo visualizar lo que lo que lo estaba atrapando. Y sus ojos no pudieron creer lo que veían. Posiblemente se tratara de la estrella brillante más verde y, sin embargo, la más terrible que había encontrado en todo su vuelo. No sabia porque, pero era lo que sentía, y no era buen especialista en describir sus sentimientos.

La velocidad aumento, la nave comenzó a emitir sonidos extraños… Algo explotaba… fuego por todas partes… ¡Todo control se había perdido!

¿Estaría a punto de morir?


---Abre tus ojos---




Despertó, lo que significaba que aun seguía con vida.


Echo un vistazo a su nave. Estaba destrozada, pero no era nada que no pudiera arreglar. Le había dado tiempo a activar los escudos, que posiblemente fueran los que lo salvaron del impacto. A cambio toda la energía se redujo a cero. Y eso significaba que necesitaba dos años de rayos solares para poder despegar de nuevo. Dos largos años atrapado en… ¿Dónde estaba?

Al salir la contemplo por primera vez en su plenitud. Era una estrella verde. Se había estrellado en una gran llanura repleta de brillantes flores que parecían un sueño de hadas, pero a su vez estaba rodeado de fieros volcanes que se asemejaban a las pasiones de un turbulento corazón. Era un lugar bastante extraño, impresionante para la vista, pero peligroso para su vida, puesto que los volcanes continuamente estallaban y dejaban ver ríos de lava que abrasarían hasta a los mismos dioses. Si realmente tenía que aguantar esto durante los dos años que duraría su reclusión, ¡se acabaría volviendo loco!

El ruido de las explosiones rodeaba toda la estrella, que, en vez de un mar de agua, poseía mares de lava. Decidió explorar para conocer mejor la que seria, durante un tiempo, su nueva casa.

A los tres días de su llegada, después de pasarlos corriendo en cada momento para no morir ahogado en ríos de fuego, encontró una cueva en una montaña. Al atravesarla, cosa que le llevo más de unas horas, llego a una zona repleta de acantilados a bastante altura de los mares color rojo. Aquel lugar era diferente. El silencio reinaba a su alrededor. Se sentó al borde del abismo y cerro los ojos. Y fue entonces cuando la escucho por primera vez… Una voz dentro de su cabeza que le hablaba a su corazón.


-¿Quién eres? ¿Qué has venido a hacer aquí?


-Soy un viajero espacial y estoy aquí porque mi nave se ha estrellado. Hace muchos años partí de un planeta habitado, al otro extremo del vasto universo para conquistar una estrella…


-¿Crees que estas a la altura de llegar aquí y hacer de mi algo que puedas poseer? – le interrumpió – Yo no soy algo de lo que te puedas hacer dueño.


-Realmente no esta entre mis objetivos conquistar una estrella que no es habitable. No te preocupes puesto que arreglare mi vehiculo y me marchare en cuanto me sea posible.


Y el viajero, ofendido, se levanto y se marcho de los acantilados. En su regreso, en el interior de la cueva, encontró un manantial de agua pura que juraría no se encontraba allí cuando paso por primera vez…

Reconstruyo su nave espacial y se dispuso a esperar a que la energía estuviera al completo.


. . .


Quizás por sentirse solo en aquel lugar, al mes de su estancia, decidió volver a los acantilados para relajarse de los volcanes. También sentía curiosidad por volver a hablar con aquella voz, que se imaginaba que no podía ser otra cosa que el alma de la estrella. ¿Las estrellas poseen alma?

Se sentó al borde, cerró los ojos y volvió a escucharla:


-¿Porque has vuelto?


-Siento la necesidad de hablar con alguien. Llevo muchos años solo y creo que tu también. Mientras se repara mi nave podríamos contarnos algo, ¿no crees?


-No me caes bien.


-¡Pero si ni siquiera me conoces!


-No me fió de ti…


-Mi sueño siempre fue viajar por el universo. Realmente no me importaba lo que durara mi viaje… quizás eso de conquistar una estrella solo era una excusa para vislumbrarlo.


Al marcharse, a su regreso por la cueva descubrió unas frutas que, tras probarlas, pensó que eran lo mas rico que había comido en su vida.


. . .


Transcurrieron los días así como las conversaciones entre el viajero y la estrella. Ella le contó lo sola que se sentía. Como cada visitante que había ido a parar a ella se acababa marchando. Algunos lo hacían por encontrarse esta al extremo del universo. A otros simplemente no les parecía interesante. Cada vez que una persona aterrizaba, una preciosa flor nacía en el suelo; cada vez que alguien se iba surgía un volcán que entraba en erupción. Y ella se sentía tan sola… Y el la comprendía tan bien…

Pasaba los días enteros al borde del acantilado hablando con la estrella, que le contaba historias sobre el origen del universo y lo que creía que había al pasar el borde que separaba este del otro. El le contaba su vida en la Tierra y como eran realmente las personas que allí habitaban. Ella le contaba que escondía mas secretos y lugares inaccesibles de los que el se podía imaginar, pero que no se los enseñaría; y el siempre insistía y reía al escuchar la negativa. Ambos hacían al otro mas feliz.

Y cada día que pasaba, la estrella se hacia mas habitable para el viajero.


-Viajero, no se si te has dado cuenta, pero han pasado mas de dos años y sigues viniendo a diario a este acantilado para hablar conmigo…


-¿Te fías entonces ya de mi?


-Pero tu nave esta completamente arreglada… ¿No vas a marcharte?


-Parece que vine a conquistar una estrella, y es la estrella la que me ha conquistado a mí…


En ese mismo instante, el silencio arraso toda la plenitud y el viajero sintió dentro de su corazón a la estrella por completo.


. . .


Paso el tiempo y llego el momento en que el reloj de la vida del viajero llegaba a su fin. Al borde de su querido acantilado se despidió de su querida estrella y se durmió para siempre. En ese mismo lugar, en ese mismo instante, un árbol gigantesco creció rápidamente. De su esencia surgió el alma del viajero, que al flotar, vio delante de sus propios ojos al alma de la estrella, por primera vez. Esta, flotando, lo cogio de la mano y le susurro al oído:


-Ahora, estaremos juntos para siempre. Déjame enseñarte todo lo maravilloso que se esconde entre nosotros.


Y al volar, dejaron una estela que, difícilmente, el tiempo podría borrar jamás.