sábado, 12 de noviembre de 2011

Sobre el amor y los viajes interestelares


Llevo un tiempo queriendo dejar de escribir moñerías, puesto que el lugar está plasmado de tales y empieza a resultar aburrido y monótono; además, me apetece un montón escribir sobre robots, fantasmas, dioses, demonios... Pero antes de romper con esta etapa autobiográfica-metafórica de escritos un tanto… sentimentales, por llamarlos de alguna manera, me gustaría contaros un par de tonterías más que rondan por este cráneo privilegiado.


El amor, o “el sentimiento de estar enamorado” es algo realmente increíble. De hecho, creo que palabras no conseguirían describirlo a no ser que de un verdadero genio de la escritura se tratase; ¡y qué genio! Aun así, sin considerarme lo último, voy a intentarlo, a la vez que trataré de no parecer una adolescente encaprichada de un deseo temprano.


Imaginaos, queridos lectores, el hecho de poder realizar un viaje interestelar. Cerrad los ojos y buscad en vuestros bolsillos. En el encontráis un billete: el pase para poder subir en la inmensa nave que tenéis delante, brillante, con millones de aparatos que ni os imagináis para que sirven y con pinta de haber costado mucho dinero. Os acercáis mientras una persona os mira diciendo:

-Bienvenidos a la nave Argentus 11.X, que en breves momentos despegará para conducirnos a la estrella Utopía, en la Constelación de los Deseos.


Mientras subís y tomáis asiento, al lado de una gran ventana, algo en vuestro estomago no para de moverse. Estáis nerviosos. Tenéis miedo, pero es un miedo placentero hacia lo desconocido que hace que no podáis borrar esa sonrisa de vuestro rostro. Algunos de los que se encuentran presentes comentan:


-¡Vaya, esto es increíble! Quien pudiera experimentar lo que estamos a punto de hacer nosotros!


Despegue en 3, 2, 1…


Y mientras el aparato alza el vuelo, todos los reunidos comienzan a reir a carcajadas. Parece mentira que hace 1 minuto estuviéramos en la vieja Tierra y ahora sea imposible siquiera distinguir el planeta, cosa normal cuando se viaja a mas de 300.000.000 m/s. Hay quienes piensan que si quisiéramos regresar 10 minutos después de haber salido, todos nuestros seres queridos ya habrían muerto de viejos.

El Universo visto a través de una ventana, planetas, asteroides y un sinfín de colores nunca imaginados por el hombre se plasman ahora ante nuestros ojos a una velocidad inimaginable, pero distinguible.

El que se queda dormido, que los hay, se despierta de un sobresalto y lo primero que hace es mirar por la ventana. Hay quien siente envidia de no poder disfrutar de esta vista siempre que quiera, y hay quien sabe que jamás podrá olvidar el retrato del cosmos aunque se sometiera a tratamiento. ¡Oh bello e inalcanzable lienzo del cosmos! Imaginad poder volar a vuestras anchas entre el vacio celestial y escuchar el ruido en directo de los anillos de los planetas. O tocar con las manos la estela que deja tras de sí un meteorito al pasar por nuestro lado.

Imaginad cuanto queráis pues sois libres de hacerlo.


De repente, una voz nos indica que llegaremos en poco tiempo, a lo que voces indignadas protestan:


-¡Estos es un timo! ¡Si no llevamos aquí más de una hora!

-Disculpe caballero, pero llevamos viajando 2 años! , responde la azafata.


Allí esta, justo al lado nuestra, aunque a kilómetros de distancia, la estrella a la que venimos a quedarnos. Y mientras la nave va despegando, notáis el corazón del astro que late a consonancia con el vuestro…


Increible, ¿verdad? O, quizás haya quien piense que imposible…


En cierto modo es cierto porque, el viaje interestelar es imposible. No hay nave que, además, permita pasajeros y que pueda viajar a la velocidad de la luz sin producir una distorsión espacio-temporal o por supuesto la muerte de los viajeros, etcétera.


-¿Qué es el amor entonces?, me pregunto.

-No lo se, me respondo.


El amor se parece a un viaje interestelar en muchos aspectos, partiendo de la base de que es muy difícil realizar y de que, si se realizara, conllevaría a la muerte de sus integrantes. Esto nos plantea las siguientes preguntas:

-¿Merece la pena enamorarse? ¿Hay que arriesgarse por ver ese paisaje y sentir la sincronía de dos corazones latiendo al mismo tiempo?

No voy a echar por tierra ninguna respuesta.



Ayer imagine que soñaba que en un futuro lejano los viajes interestelares eran posibles. Solo hace falta que se siga avanzando tecnológicamente para poder realizarlos. ¿Y si lo mismo ocurre con el amor? ¿Y si en algún momento puede llegar a ser cierto y verdadero? Creo que, solo hace falta que se siga avanzando sentimentalmente para poder conseguirlo =) .


3 comentarios:

  1. Me planteo lo siguiente:
    ¿Cómo sería la vida de una persona, después de haber abandonado ese "sentimiento o estado de amor"?

    http://www.youtube.com/watch?v=ZU6hTFegyrI


    ¿Se tendría el valor para afrontarlo conociendo el estado que te deja a su regreso?

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  2. ¡Buena pregunta!
    Creo que el ser humano normal, despues de experimentar un amor verdadero, no deberia de ser capaz de volver a experimentarlo; ya sea por lo fuerte que es ese sentimiento o por el dolor que le haya dejado...

    Pero en realidad, todas las relaciones que experimentamos pueden ser un entrenamiento para cuando llegue el verdadero verdadero sentimiento, que a dia de hoy, espero con los brazos abiertos. Eso si, solo si es de verdad.

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  3. Lo que verdaderamente me hace devanarme los sesos es que la percepción y visión del amor,nunca será la misma desde la perspectiva emocional donde se encuentre esa persona en el aquí y ahora.
    Lo más importante para subir a ese avión es una vieja palabra con la que siempre tengo que reconciliarme: VOLUNTAD.

    (x cierto charlie flipo con la fotografía del vídeo, me apunto el grupo ;))

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