lunes, 11 de junio de 2012

El día que dejé de soñar


Cada uno de los soles que coronaban los millones de trayectos que marcaban mi mapa de viajes se apagaron de repente, sin ruidos, sin explosiones. Los castillos que solía visitar son la reminiscencia de la abundancia; cada una de sus princesas murieron de soledad, jóvenes y en la agonía del desamparo. La luz que bañaba el valle de la ilusión se trasformó en la oscuridad que nutre el camino del olvido. Cientos de historias quedaron inconclusas , dejando un sabor amargo en cientos de finales que podrían haber sido sorprendentes. Deseché todas las cartas de mi mano, y a mis manos se les cayeron los dedos. Todas las emociones se mezclaron para dar lugar a una sola, una que no le deseo a nadie en todos los universos conocidos y sin conocer. Me quedé solo… solo en un paisaje de increibles dimensiones cuya única característica a día de hoy es la nada absoluta… flotando… pensando en lo que pudo ser. Las musas me son infieles, los dioses se ríen de mí y me ponen a prueba en hazañas imposibles de realizar para un humano normal y corriente; y cuando las cumplo, comienzan otras nuevas en las que se multiplica la dificultad… y ellos, a carcajadas, se divierten con mi sufrimiento. Los muros de mi mente se han derrumbado; ya no hay ni locura ni cordura para un servidor.



Y es que ya no recuerdo los tiempos anteriores… y doy gracias a ello, aunque parezca mentira, porque hacerlo solo acabaría destruyéndome. Al borde de la no-existencia, y mirando de reojo al pasado, maldigo con todas mis fuerzas (y de todo corazón, no soy un hombre que haga esto a menudo) aquel maldito día en que deje de soñar. ..

Los niños desterrados del Planeta Amar’γura


Aquellos que pueden escuchar el sonido que llega a la Tierra de las Corrientes Espaciales saben que cierta vez hubo un Planeta; un Planeta que ya no existe, en un Universo que yace olvidado, sin vida, en un plano donde no hay cabida ni para el tiempo, ni para el espacio.

Las fuerzas superiores de ese Planeta, que destacaba por la capacidad de ir más allá en lo que posibilidades mentales se refiere en sus habitantes, supieron actuar a tiempo. Antes de la destrucción del mismo, lanzaron a sus hijos fuera de su Universo para salvarlos del olvido eterno. Pero fue tan repentina la acción que los niños quedaron desperdigados por toda la realidad; y la distancia entre los universos puede ser eterna, abismal.

Cuentan que esos niños crecieron, algunos mas deprisa, otros mas lentamente… pero conforme lo hacían, aumentaba notablemente su inteligencia. Ellos poseían la habilidad de poder mirar sobre todas las cosas, comprenderlas de infinitas maneras posibles, la capacidad de poder vislumbrarlo todo con otro enfoque…

Más de igual manera que eran “superiores al resto”, se sentían muy solos. No podían compartir con los demás sus pensamientos sin que los demás los miraran como a extraños; y muchos de ellos murieron siendo recordados como locos incomprendidos.

Pero dicen que una vez, uno consiguió imaginar algo extraordinario. Entre los ángulos y curvas de los rincones mas inhóspitos de su alrededor, consiguió dibujar una puerta; una puerta que podía atravesar universos. Y cuando la cruzó, corrió a buscar a alguien como el. Muchas puertas tuvieron que ser creadas por el ser, ya que por más lugares que visitara, no era fácil reunirse con un semejante…

Si llegó a encontrar lo que buscaba, incluso, si esta historia fuera cierta, es algo que solo podría contarnos el.

Aquellos que pueden escuchar el sonido que llega a la Tierra de las Corrientes Espaciales son los niños desterrados del Planeta Amaɾ’γuɾa. Y, por más que su manera de ver las cosas sea más especial que la del resto, de nada les sirve si no pueden escuchar ese sonido tan lejano juntos. 




Por eso, su mayor sueño es el encontrarse.

La Flor y el Monstruo


La vieja Flor se marchitó, pero no fue para morir. Del lugar donde su último pétalo fue a caer, al cabo del tiempo, surgió otra flor, de semejante apariencia; mas sus espinas, alrededor de todo su tallo, hacían imposible que cualquier mano fuera capaz de arrancarla. Y esta fue testigo de inmensurables cambios en  el paisaje que la rodeaba, impidiendo con su aura que nada fuera capaz de florecer en la cercanía de su existencia más allá de su belleza. Siempre solitaria…

Mi mente experimenta continuos cambios, consecuencia de todo lo que aprende en su día a día. Ya no recuerdo si elegí traspasar la puerta del Conocimiento Universal, aunque, si es cierto que no volvería hacia atrás, al mundo de las tinieblas en el que todos nacemos. Tampoco me considero un salvador, alguien que deba enseñar a los demás la verdadera perspectiva de las cosas;  cada cual debe recorrer su propio camino antes de abrir por segunda vez los ojos…

Aunque tratar de comprenderlo todo intente, no se aun si puedo aguantar ser así en el mundo de los humanos sin llegar a destruir todo cuanto me rodea. Mi ser ha llegado a un punto en el que necesita expandirse más allá para no…

-¡Mírame! ¡Mira lo fuerte que se ha hecho el monstruo que hay en mí…

Si quieres salvarme todavía estas a tiempo… Dispárame a la cabeza y, cuando abras por segunda vez los ojos, nos encontraremos allí…