martes, 30 de agosto de 2011

Jardin Violeta - Jardin Azul



Parece ser que habia una vez un jardin enorme, tan enorme, que justo en el centro se dibujaba una frontera. La frontera separaba el jardin en dos, a saber, la parte de las flores azules y la parte de las flores violetas. Yo formo parte del sector de las flores violetas. Conozco desde hace tiempo la parte de las flores azules, pero soy del mundo violaceo.

Resulta que, sin motivo aparente, un dia cualquiera las flores violetas dejaron de desprender el calido olor que de su nucleo emanaba. Al respirar su esencia, el aroma que emitian antaño dejaba de resultarme agradable. Me preocupe, puesto que mi reino de flores ya no era lo que era. ¿Porque, si no habia segundo alguno en el que no las regara, les contara mis sueños o las mirara como si el unico jardin del universo se tratase? Y fue entonces cuando descubri, que el jardin de las flores azules me miraba, desde cada petalo de cada flor, de una manera un tanto especial.

Decidi acercarme, tengo que reconocer que con algo de miedo... Justo en la frontera, indeciso, plante un pie en la otra parte del jardin. ¡Nada ocurria! ¡Miento! Claro que ocurrio algo... El olor de cada flor azul penetro por mi nariz, y no solo lleno mi cerebro de armonia... Lleno mi corazon de tal manera que se llenaria el corazon de un monstruo que pidiera amor en el centro del mundo.

...

Entonces desperte en el jardin violeta. ¡Todo habia sido un sueño!

Y por miedo, segui alli, sin siquiera atreverme a cruzar al otro lado para descubrir que, quizas, lo desconocido que tanto me atraia, podria brindarme mas placeres que a lo que siempre habia estado acostumbrado.





Y ese fue el pecado con el que, a dia de hoy, creo que sigo despertandome.

martes, 2 de agosto de 2011

Preludio a la destrucción


Volví a marchar de viaje.

Volví a marcharme sin la necesidad de hacer las maletas ni de coger un avión… ya que no hacían falta para el lugar al que iba. Llegó la hora de pasar unos días de ocio en el que yo llamo el país de mi mente.

Allí siempre soy bien recibido por mi yo interior, que nunca se cansa de escucharme y de aconsejarme (a veces creo que se alimenta de eso). Esta vez me estaba esperando con los brazos abiertos, puesto que sabía que habían ocurrido muchas cosas en el mundo habitable y estaba deseando moldearme a su gusto. Normalmente suelo estar con él dos o tres días, que a tiempo oficial en el mundo de los humanos equivalen a dos o tres meses; pero esta vez estuve un mes entero… con todas sus consecuencias… Según él, había llegado la hora de poner algunas cosas en su lugar…


Era el momento de dejar atrás a los dioses antiguos para rezarle a otros dioses que yo mismo debía crear.

Era el momento de prestarle atención a los gritos de los susurros.

Era el momento de abandonar a las musas de la amabilidad para sentir devoción por las musas de lo extraño.


. . .


A la hora de regresar, sentí que dejaba atrás a una parte de mí de la que siempre había estado orgulloso de acoger en el regazo de mi ensimismamiento. He vuelto, pero lo he hecho sintiéndome más él que yo… (quizás esto formara parte de su plan).


Ahora podréis encontrarme en un rincón solitario en el que solo crecen flores de cristal. ¡Y no se os ocurra tocarlas! Se desmoronarían con el simple roze de un cálido dedo.


He vuelto y lo he hecho bajo un lema nuevo:


Si te ofrecen fuego, respóndeles con fuego.