viernes, 18 de noviembre de 2011

Formas

Mientras el cigarro se consumía en el cenicero, comencé a crear figuras con el humo que de él emanaba. Primero dibuje una preciosa flor y luego un pie enorme que la pisaba. Ese pie se transformaba en mariposa que, al comenzar a volar, y antes de que alcanzara distancia alguna, la modifiqué por una nube atravesada por un rayo de humo de la que cayeron unas gotas. Tales chocaron con un suelo ficticio para conseguir hacer brotar un árbol, cuyos frutos eran unas caras sonrientes que se retorcían de graciosa manera hasta alcanzar la forma de una estrella de 5 puntas (creo que eran 5). Concentré todo el humo entre mis dos manos y las choque entre sí. ¿Sabéis que surgió al separarlas? La misma flor con la que comenzó todo, solo que, al dibujar el mismo pie que la sepultaba, este no era capaz de conseguirlo. Ni siquiera la acción de múltiples de ellos lo conseguía, haciendo que el humo de sus formas se consumiera con el aire de la habitación. La flor, de un humo intenso, fue adquiriendo mayor brillo a la vez que menor tamaño, hasta que, reducida al máximo, se volatilizó dejando caer un pétalo al suelo. Recogí el pétalo con las manos, lo cubrí totalmente, lo acerqué a mis labios y le susurré unas palabras. Me asomé a la ventana y, sintiendo el frio de otoño al rozar mis mejillas, soplé y extendí mis manos dejando al pequeño pétalo volar al libre albedrío, mientras soltaba tras de sí una estela de humo. Cuando consiguió alzarse a una distancia considerada, chasqueé mis dedos y explotó, dejando ver diferentes formas que fueron difuminándose en el cielo creando una imagen extraordinaria.

El viento hizo el resto, transportando la estampa a través de un sinuoso e invisible camino hasta que, al cabo de un rato, se perdió en el horizonte.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Incongruentes palabras

El viento, en el mes de Noviembre, trajo a mis oídos estas incongruentes palabras.

-Yo no quiero odiarte. ¿Porque voy a querer odiarte estúpida? Yo quiero estar contigo siempre y, como no puedo, odio al resto del mundo. Pero, ¿a ti? ¿A ti como voy a odiarte? Eso sería una gilipollez, eso sería engañarme a mí mismo. Si tú no me quieres, no me quieras, pero yo ya no quiero volver a querer a personas. Las personas son inútiles a la hora de amar, y puede que tu también lo seas, pero, afortunada, me fije en ti, en ti entera y en tu maldita y preciosa sonrisa. Puede que mañana me despierte y no vuelva a ser el mismo, incluso puede que mañana me despierte y me apetezca olvidarme de ti, pero a día de hoy te quiero, y como te quiero más que a nadie no te voy a odiar nunca. Que quede en constancia para cuando ni siquiera te acuerdes de mí; porque, tarde o temprano te olvidarás de mí. Y cuando eso ocurra, se destruirá mi castillo de arena.

lunes, 14 de noviembre de 2011

El sueño de Marte


Encontrábase el Dios Marte pensativo en su aposento. Perteneciente a la estirpe de los antiguos dioses, aquellos que tuvieron que retirarse puesto que el hombre ya no se encontraba bajo su mandato, Marte se planteaba diversas cuestiones sobre todo lo que fue. Adorado en tiempos anteriores, la deidad se preguntaba donde quedaron aquellos dorados momentos en los que con solo oir su nombre los humanos se estremecían. Fue querido por muchos y odiado por otros tantos, pero tenía su lugar en el palacio de ensueño de los dioses. Había sido el guía en innumerables batallas, gestas que acabaron con la vida de cientos y cientos de personas dispuestas a darlo todo por su protector. Ofrendas y oraciones le llegaban a lo largo de los días y templos se construían en su honor. Pero cuando los hombres decidieron entregarse a la ciencia y olvidar a los temibles dioses, este se ganó las vacaciones eternas. Y ahora se encontraba apoyado en un balcón, mirando a las estrellas en la oscura noche, con la armadura colgada en su armario, recordando los viejos tiempos.


¡Oh gloriosos tiempos aquellos!


Esa noche, Marte tuvo un sueño placentero. Soñó que huía de su hogar al planeta que su nombre poseía. En él, lo esperaban copiosas tropas, dispuestas a garantizarle una batalla eterna como ofrenda a su persona. Los soldados, divididos en dos bandos, a saber, el bando azul y el bando violeta, gritaban su nombre al levantar la espada y morían satisfechos por haberlo hecho. Al saber de este asunto, los otros dioses, celosos, enfurecieron sobremanera. Y en sus respectivas estrellas o planetas, lanzaron un ataque contra la divinidad en cuestión. Mas nada de esto sirvió para algo; aquel que se enfrentara a él y a sus tropas unidas, caía rendido en la lucha. El Dios volvió a levantar la espada y acabo con la existencia de los demás dioses en una lucha sin cuartel. El nombre de Marte se expandió por la Vía Láctea, coronándose como el Dios supremo. Todos volvían a aclamarlo, y el reía y reía, victorioso por su hazaña.


. . .


Al despertar, Marte estaba en un estado de euforia y placer inimaginable. Acababa de acontecer lo que podría llamarse “el sueño húmedo del Dios de la Guerra”. Le gustaba imaginar que, cada vez que soñaba cosas así, una batalla estaba por comenzar en algún lugar. Como antiguo Dios, creía que sus sueños se expandían mas allá de los limites de su imaginación. Y con una sonrisa en su rostro, se posó en su balcón a visualizar el mundo; echó la mirada a los países árabes; una guerra estaba por comenzar. Le encantaban estas cosas. Eligió a un bando al azar y comenzó a animarlo. ¡Sangre, fuego, muerte! - gritaba, contento, con los ojos envueltos en llamas. Con esto, estaría entretenido un rato…


No hay mas placer que donde yace el sueño de Marte y se expande.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Sobre el amor y los viajes interestelares


Llevo un tiempo queriendo dejar de escribir moñerías, puesto que el lugar está plasmado de tales y empieza a resultar aburrido y monótono; además, me apetece un montón escribir sobre robots, fantasmas, dioses, demonios... Pero antes de romper con esta etapa autobiográfica-metafórica de escritos un tanto… sentimentales, por llamarlos de alguna manera, me gustaría contaros un par de tonterías más que rondan por este cráneo privilegiado.


El amor, o “el sentimiento de estar enamorado” es algo realmente increíble. De hecho, creo que palabras no conseguirían describirlo a no ser que de un verdadero genio de la escritura se tratase; ¡y qué genio! Aun así, sin considerarme lo último, voy a intentarlo, a la vez que trataré de no parecer una adolescente encaprichada de un deseo temprano.


Imaginaos, queridos lectores, el hecho de poder realizar un viaje interestelar. Cerrad los ojos y buscad en vuestros bolsillos. En el encontráis un billete: el pase para poder subir en la inmensa nave que tenéis delante, brillante, con millones de aparatos que ni os imagináis para que sirven y con pinta de haber costado mucho dinero. Os acercáis mientras una persona os mira diciendo:

-Bienvenidos a la nave Argentus 11.X, que en breves momentos despegará para conducirnos a la estrella Utopía, en la Constelación de los Deseos.


Mientras subís y tomáis asiento, al lado de una gran ventana, algo en vuestro estomago no para de moverse. Estáis nerviosos. Tenéis miedo, pero es un miedo placentero hacia lo desconocido que hace que no podáis borrar esa sonrisa de vuestro rostro. Algunos de los que se encuentran presentes comentan:


-¡Vaya, esto es increíble! Quien pudiera experimentar lo que estamos a punto de hacer nosotros!


Despegue en 3, 2, 1…


Y mientras el aparato alza el vuelo, todos los reunidos comienzan a reir a carcajadas. Parece mentira que hace 1 minuto estuviéramos en la vieja Tierra y ahora sea imposible siquiera distinguir el planeta, cosa normal cuando se viaja a mas de 300.000.000 m/s. Hay quienes piensan que si quisiéramos regresar 10 minutos después de haber salido, todos nuestros seres queridos ya habrían muerto de viejos.

El Universo visto a través de una ventana, planetas, asteroides y un sinfín de colores nunca imaginados por el hombre se plasman ahora ante nuestros ojos a una velocidad inimaginable, pero distinguible.

El que se queda dormido, que los hay, se despierta de un sobresalto y lo primero que hace es mirar por la ventana. Hay quien siente envidia de no poder disfrutar de esta vista siempre que quiera, y hay quien sabe que jamás podrá olvidar el retrato del cosmos aunque se sometiera a tratamiento. ¡Oh bello e inalcanzable lienzo del cosmos! Imaginad poder volar a vuestras anchas entre el vacio celestial y escuchar el ruido en directo de los anillos de los planetas. O tocar con las manos la estela que deja tras de sí un meteorito al pasar por nuestro lado.

Imaginad cuanto queráis pues sois libres de hacerlo.


De repente, una voz nos indica que llegaremos en poco tiempo, a lo que voces indignadas protestan:


-¡Estos es un timo! ¡Si no llevamos aquí más de una hora!

-Disculpe caballero, pero llevamos viajando 2 años! , responde la azafata.


Allí esta, justo al lado nuestra, aunque a kilómetros de distancia, la estrella a la que venimos a quedarnos. Y mientras la nave va despegando, notáis el corazón del astro que late a consonancia con el vuestro…


Increible, ¿verdad? O, quizás haya quien piense que imposible…


En cierto modo es cierto porque, el viaje interestelar es imposible. No hay nave que, además, permita pasajeros y que pueda viajar a la velocidad de la luz sin producir una distorsión espacio-temporal o por supuesto la muerte de los viajeros, etcétera.


-¿Qué es el amor entonces?, me pregunto.

-No lo se, me respondo.


El amor se parece a un viaje interestelar en muchos aspectos, partiendo de la base de que es muy difícil realizar y de que, si se realizara, conllevaría a la muerte de sus integrantes. Esto nos plantea las siguientes preguntas:

-¿Merece la pena enamorarse? ¿Hay que arriesgarse por ver ese paisaje y sentir la sincronía de dos corazones latiendo al mismo tiempo?

No voy a echar por tierra ninguna respuesta.



Ayer imagine que soñaba que en un futuro lejano los viajes interestelares eran posibles. Solo hace falta que se siga avanzando tecnológicamente para poder realizarlos. ¿Y si lo mismo ocurre con el amor? ¿Y si en algún momento puede llegar a ser cierto y verdadero? Creo que, solo hace falta que se siga avanzando sentimentalmente para poder conseguirlo =) .


domingo, 6 de noviembre de 2011

El último sueño del poeta

Ahora, ya sabía donde se hallaba. Sabía que iba a ir a buscarla en ese mismo momento. En ese momento y no otro.

Pese a lo que pudiera encontrarme…


Había pasado el tiempo, mucho mucho tiempo. Subió a lo alto de un acantilado en una playa y contempló el mar, como rompían las olas en las rocas. El sonido se introdujo en sus oidos creando una melodía de desesperanza que se transformó en un amargo sabor en sus labios. Allí, hacía algún tiempo, disfrutó de un hermoso atardecer; recordaba como el viento le despeinaba. No estaba solo…

Se sentó y miró al horizonte. Por mas que su ser le rogara expresar odio, su corazón no se lo permitía. Quería poner el punto y final con una sonrisa en su rostro. En su cabeza una voz recitaba:


Tenues alas rotas…

Solo te has cansado un poco de un cielo demasiado azul…

Ya no hace falta que sonrías para nadie, puedes hacerlo para ti misma.


Y allí se quedó paralizado como un ídolo de roca, preparado para finalizar lo que sería una etapa de sueños y viajes por el Universo acompañado de una estrella de un hermoso brillo.


¿Qué había ocurrido en su búsqueda? ¿Acaso no consiguió encontrarla para retomar el sueño que, un buen dia, habían decidido comenzar?

Si que la encontró… Pero ya no era la misma… Ni siquiera tuvo el valor para despedirse de él ni para explicarle el porque de su marcha. Ni un simple "adiós" o "fue genial mientras duro"… ni un solo beso de despedida… Nada.


Y el poeta, con las manos vacías y un saco de experiencias a la espalda cerró sus ojos. Cerró sus ojos para escribir la última estrofa del que sería su último sueño.

Y una vez concluida, guardo su pluma y jamas volvió a moverse.



Si volvería a soñar o no sería algo que solo el tiempo diría.