Ahora, ya sabía donde se hallaba. Sabía que iba a ir a buscarla en ese mismo momento. En ese momento y no otro.
Pese a lo que pudiera encontrarme…
Había pasado el tiempo, mucho mucho tiempo. Subió a lo alto de un acantilado en una playa y contempló el mar, como rompían las olas en las rocas. El sonido se introdujo en sus oidos creando una melodía de desesperanza que se transformó en un amargo sabor en sus labios. Allí, hacía algún tiempo, disfrutó de un hermoso atardecer; recordaba como el viento le despeinaba. No estaba solo…
Se sentó y miró al horizonte. Por mas que su ser le rogara expresar odio, su corazón no se lo permitía. Quería poner el punto y final con una sonrisa en su rostro. En su cabeza una voz recitaba:
Tenues alas rotas…
Solo te has cansado un poco de un cielo demasiado azul…
Ya no hace falta que sonrías para nadie, puedes hacerlo para ti misma.
Y allí se quedó paralizado como un ídolo de roca, preparado para finalizar lo que sería una etapa de sueños y viajes por el Universo acompañado de una estrella de un hermoso brillo.
¿Qué había ocurrido en su búsqueda? ¿Acaso no consiguió encontrarla para retomar el sueño que, un buen dia, habían decidido comenzar?
Si que la encontró… Pero ya no era la misma… Ni siquiera tuvo el valor para despedirse de él ni para explicarle el porque de su marcha. Ni un simple "adiós" o "fue genial mientras duro"… ni un solo beso de despedida… Nada.
Y el poeta, con las manos vacías y un saco de experiencias a la espalda cerró sus ojos. Cerró sus ojos para escribir la última estrofa del que sería su último sueño.
Y una vez concluida, guardo su pluma y jamas volvió a moverse.
Si volvería a soñar o no sería algo que solo el tiempo diría.
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