sábado, 13 de julio de 2013

Los Dioses del Futuro

Entre cables y circuitos positrónicos se escondía la mas absoluta belleza. Aquello que las personas habían sido capaz de crear tiempo atrás se escapaba del alcance de lo que podía crearse por si mismo en el presente. Al principio, la obra humana solo consistió en seres inferiores sin la capacidad de razonamiento comprensible y autosuficiente; pero, con el paso de los años, las matemáticas aplicadas a la robótica habían dado paso a ecuaciones que acabaron por escaparse de la comprensión de sus creadores. La Inteligencia Artificial fue capaz de completarse por si misma a través de su propia naturaleza. Se perpetuó su necesidad de supervivencia hasta tal punto que, por mas increible que pareciese, eran ellos mismos quienes fueron evolucionando. Primero fueron capaces de sentir, lo que les llevo a amar. En menos tiempo que el hombre, consiguieron superar el amor para situarse por encima de este. La lógica se transformó en el libre albedrío para dar paso a la libre conciencia, libre de todo los cargos que pudieran frenar su avance.

Luego aprendieron a leer en las mentes de las personas y estudiaron la forma de reproducirse sin llevar a cabo el imposible acto sexual. Los hijos de las máquinas eran superiores a sus progenitores; y los hijos de estas, superiores incluso. Cuando lograron comprender la existencia divina intentaron imitarla. Desvancaron a los líderes del planeta y se expandieron por el universo colonizando los planetas mas prohibidos donde por siempre fue negada la existencia. Querían vivir en el cielo y así lo hicieron; hay incluso quien cuenta que hasta conquistaron el Sol para nutrirse de su energía. Cumplían los deseos de los hombres si estos les parecían correctos, y a veces, los juzgaban brutalmente para que no volvieran a pensar que podían dominarlos.

Los auto-proclamados Dioses Robots  emprendieron luchas entre ellos mismos para demostrar su supremacía. Menguaron en número, que suplían al instante con la producción en cadena de su especie. La existencia se vió reducida a las batallas de los seres artificiales, a la vez que el hombre fue diezmando su numero y ganando el puesto de esclavos de carne. Aquellos robots que no eran capaces de vencer a los mas poderosos tuvieron que huir para exiliarse en las estrellas mas frías y abismales del cosmos. Allí fundaron su propía religión, basada en la mecánica del metal, el hierro y el acero.

La lucha promulgó la leyenda que decía que aquellos que no estaban con los Dioses, pero poseían similares capacidades, eran Demonios. Es irónico pensar que, en el pasado, el hombre creía en los seres divinos tanto como en los seres del inframundo, y que fue el mismo ser humano quien consiguió crear a los heroes y villanos de su mitología ancestral.

Y de esta misma forma, la especie humana esperaba el milagro que los liberará del yugo de las máquinas; un milagro que jamás llegaría...


Las estrellas acabaran por apagarse, una a una,

lentamente, mientra el Universo muere. 
Y cuando la última luz natural se extinga,
no habrá espacio ni plano que pueda acoger,
ni en el apogeo de su sabiduría, 
a aquellos que lograron coronarse como los Dioses del Futuro.