lunes, 23 de mayo de 2011

Donde duele, inspira


El cielo se volvio totalmente oscuro y la tormenta asomo por las ventanas que daban al universo. El ruido de los truenos me asustaba, las gotas de lluvia me caian en la cara y mi grito se mezclo con el sonido del viento haciendo que este último quedara sordo a los oidos de la inmensidad de la noche.


Me duele no poder verte todos los dias, no poder ver esa sonrisa que hace que cualquier problema parezca algo insignificante.

Yo no quiero andar solo por la calle porque prefiero hacerlo a tu lado cogido de tu mano, riendo por todo aquello que me cuentas y escuchando todo aquello que me tienes que decir.

Cuanto cierto es eso de que a veces, aunque llegues a casa no te sientas como en ella. Porque el hogar de uno mismo no esta en donde se nace sino con quien se quiere estar…


Y yo quiero estar contigo…


Quiero despertarme y verte aun dormida, mas preciosa que una estrella… y cuando abras los ojos decirte: ¡Buenos dias princesa!

A lo largo del camino, ese largo camino, me he cansado de muchas cosas, me he encaprichado de otras tantas, pero nunca habia sentido algo tan especial.

Como me conto hace tiempo mi amigo Zeus, “donde duele, inspira”, y a mi me duele no poder estar a tu lado tanto como quisiera… y sigo escribiendo…

Hoy no soy el mismo que cuenta algo sobre lo que observa, o que vuela por la galaxia onírica para narrar sus experiencias… Hoy no soy el ser mas importante de la creacion…

Hoy, para mi, tu eres lo mas importante.


Por eso, todo esto, es para ti.

viernes, 6 de mayo de 2011

Retrospectiva onirica


De los siete días que tiene la semana, los siete soñé contigo…

Y los siete desperté solo.



Sin embargo, no hubo uno solo de ellos, en los que al despertar, deseara darte un abrazo con todas mis fuerzas.


miércoles, 4 de mayo de 2011

La semilla


Dejemos volar nuestra imaginación…



A los pies de un cubo de basura, se había arrojado la mitad de una cáscara de nuez.

Dentro de esta, sin motivo aparente, sin ninguna razón lógica, se encontraba algo sumamente extraño…

Se había desarrollado un universo en miniatura que consistía en una enorme extensión de hierba, verde, con un pequeño riachuelo que la atravesaba y, en alguna parte de la misma, alguien había construido una preciosa casita con los árboles de su alrededor. Este alguien era una persona que recordaba haber estado siempre allí. Nunca se había relacionado con ningún otro ser, y por esta razón, desconocía que existieran mas como el. Al fin y al cabo, no le importaba, puesto que en su mente no se encontraba la posibilidad de la compañía.

Su día a día se desarrollaba tranquilo. Al despertar, le gustaba pasear por la verde inmensidad. Desayunaba aquello que recogía de sus sembrados y creaba objetos con todo lo que iba encontrando por esos parajes. Pero algo le sobrecogía el pecho, le faltaba algo, no sabía que era, pero lo faltaba algo. Aunque no podía pensar en otras formas de vida, siempre le gusto la idea de tener a alguien como el para conversar y pasear, para contarle todo aquello que se imaginaba a lo largo del día.

Al principio, este pensamiento no era tan importante, pero conforme fue creciendo y fue pasando el tiempo esta idea le acompañaba a lo largo de su día. Sabía que le faltaba algo y poco a poco se fue dando cuenta que tenia que ver con esta corriente de su pensamiento.

Estaba solo. Se encontraba en la mayor soledad. La sonrisa de aquel que desconocía la compañía se torno en la tristeza del que ansia compartir una mirada con otra persona.

Y los días se desarrollaron iguales, como copias unos de otros… hasta que una mañana, en uno de sus habituales paseos encontró algo arrojado entre la hierba. Al recogerlo con sus manos, lo observó y lo clasificó como una semilla. Al llegar a su casa, y a las puertas de la misma, cavó un hoyo en el suelo y arrojo su descubrimiento. Y empezó a regarlo todos los días. Sentía curiosidad por saber lo que podía salir de ahí: un árbol, una flor…

Fue pasando el tiempo. De lo que era una semilla, empezó a surgir algo, de forma irreconocible… ¿Qué podía ser?

La forma se fue definiendo. Se fue volviendo redonda, empezó a dibujar lo que se asemejaba con una cara. Tras lo que parecía ser una cabeza apareció un tronco (también de forma indefinida) y se fue tornando en brazos…

El seguía regándola todos los días. Se sentaba frente a ella y le contaba sus inquietudes, aunque no le contestara y tan siquiera pareciera escucharle. No le importaba, por eso, seguía hablándole, hasta que se quedaba dormido a sus pies.

Y siguió regándola, y siguió hablándole.

La forma se definió completamente, fue adquiriendo color…


Entonces, algo sucedió mientras, un buen día, le contaba su último sueño. Lo que al principio era una semilla, abrió sus ojos, levantó sus pies del suelo, le cogió de las manos y lo miró a la cara.

El, sobresaltado por la emoción, arrojó unas encantadoras lágrimas por la alegría, apretó sus manos con las de ella y le dijo:


¡Siempre te he estado esperando!



Y de repente, me desperté en mi cama.