jueves, 2 de febrero de 2012

Mas allá de las puertas del Universo

Decepcionado, no le quedó más remedio que viajar hasta el extremo del Universo. Tras un largo camino rodeado de las estrellas más brillantes, tocó con sus manos la pared que definía la existencia. Palpando, encontró una puerta, que no dudó ni un instante en abrir. Al otro lado no se veía absolutamente nada... solo la oscuridad…


Entonces, la atravesó…


Un éter diferente lo rodeaba. Su cuerpo se moldeó a unas leyes nuevas, separando sus partículas y creando una forma abstracta, errónea para los ojos humanos. Dejó de respirar, pues no le hacía falta; se encontraba en otro Universo regido por otros principios. Puede que el fuego no existiera, ni tampoco el agua…

Surcando el vació empezó a observar todo cuanto pudo. Cientos de planetas, si es que se podían definir así, pues no tenían forma esférica, y millones de espirales que absorbían otras espirales conformaban gran parte de su visión. Le sorprendió bastante que, el brillo de lo que debería ser una estrella no emanara de la misma, sino del supuesto cosmos hacia ella…

De repente, algo de su misma composición se plantó frente a el. Sin pronunciar ni una sola palabra sonora, sintió como se comunicaba:


-Únete a mí y te enseñaré cada rincón de este mundo desconocido para ti.


Y sin poder evitarlo, pues la atracción era brutal, ambos empezaron a formar un solo ser. Al fusionarse, sintió como en el ¿cuerpo? de su semejante se conformaba la tristeza y la soledad, la incomprensión en un lugar tan inmenso; misteriosamente, era igual a la que el sentía… aquello que le obligó a exiliarse de su Universo.





Y ambos, que eran uno a la vez, comenzaron un nuevo viaje por lo desconocido, descubriendo que lo importante ya no era solo el lugar, sino el poder disfrutarlo acompañado.