martes, 19 de abril de 2011

Gemini


Tras un largo y pesado día, al regresar a su casa y antes de dormir, siempre se daba una ducha. Le encantaba ensimismarse con el chorro, reflexionar sobre todos esos asuntos que le rondaban la cabeza durante toda su jornada. Pero al terminar, lo que realmente le gustaba era subir la temperatura del agua hasta que alcanzaba un grado ardiente, y quedarse bajo esta un buen rato. Era su forma de purificarse, de relajarse y sentirse en paz consigo mismo.


Lo consideraba, amablemente, su minuto de gloria


A 10.000 años luz, en otra galaxia (de no mas de 4 planetas), cuya existencia formaba parte de otro universo, vivía en una estrella un ser de naturaleza blanda. Sus formas son bastante difíciles de explicar para la percepción humana, pero si hubiera que describirlo, su estructura transparente cambiaba de forma con cada sensación que le poseía. Al fin y al cabo, esa era la característica esencial de los seres blandos. Después de pasar largo rato dividiendo las porciones de azufre de los diferentes terrenos para el futuro trabajo de ascensión de los alimentos de su raza, se perdía por los acantilados al borde de los abismos, donde la energía del sol mas caliente de su sistema impregnaba todo con sus rayos. Le encantaba reposar allí y sentirse vivo. Pero lo que realmente le gustaba era aprovechar el momento en que los rayos disfrutaban de su máximo poder y quedarse bajo estos un buen rato. Era su forma de reposar y sentirse a gusto consigo mismo. Y su estructura corporal acogía una forma bastante divertida.


Si las formas de expresión de este universo se parecieran a las del nuestro, lo consideraría, íntimamente, como su minuto de gloria.


Entonces, ambos seres, a tantos kilómetros de distancia, sintieron que no estaban solos, que en algún lugar habría alguien que realmente los comprenderían a la perfección.



Lo realmente triste era que, aunque estaban existiendo en ese mismo momento, nunca llegarían a conocerse.


Pero siempre les quedaría soñar. Soñar hasta que esto se hiciera realidad. Porque si existen universos que se dan a la misma vez en el mismo plano, no puede haber nada imposible en toda la creación.


Y a la vez, los dos sonrieron.


EVI


Se llamaba Eve.


Formaba parte de una serie de veinticuatro robots, de idénticas características, distribuidos para realizar las diferentes labores del hogar. Bajo el eslogan de “El Robot que cuidara de sus hijos”, la serie Eve estaba equipada con una compleja inteligencia artificial que hacia de su portador el aparato mas seguro para el cuidado de los niños. Y si de paso podía ocuparse de las tareas de limpieza y de cocina tenemos ante nosotros al amo de casa perfecto.

En casa de Dua fue recibido con los brazos abiertos. Se trataba de una familia con un nivel económico bastante elevado. El sr. Brooks formaba parte de uno de los cargos mas importantes de la actual empresa robótica en el poder. Dicho partido apoyaba la integración masiva de los robots con aspecto totalmente humano, y eso, fue bastante aclamado por la mayoría de los ciudadanos.

El panorama situaba a la familia Brooks como una de las más importantes de su ciudad, y por lo tanto, el bolsillo del sr. Brooks podía permitirse una casa de enormes proporciones, varios vehículos y tres robots al cuidado del hogar.


Eve era el encargado de cuidar de Dua. La niña (de 7 años de edad) le cogió un cariño especial desde el día en que el robot entro en su vida. Prácticamente, era su único y verdadero amigo. Lo que mas le gustaba era pasear con el por el inmenso jardín, echar carreras y contarse cuentos. El cuento favorito de Eve era Pinocho, y pedía a Dua que se lo contara todas las noches antes de dormir.


Ella, cariñosamente, le llamaba Evi:


-¿Estaremos juntos para siempre Evi?

-Hasta el fin de la eternidad, pequeña Dua.



Horologium


No sabía si se había vuelto loca…


Ella lo entendía de la siguiente manera: En ocasiones concretas dejaba su mente volar, que actuara de forma libre y que tomara sus propias decisiones.

De ahí a que hubiera momentos decisivos en su vida de los cuales no entendía el porque de haber actuado de la manera en que lo había hecho realmente.

Ocurría algo y de repente… una especie de laguna se apoderaba de su mente… Y la hora de su reloj se había adelantado…


No sabía si se había vuelto loca…


Le gustaba imaginar que dentro de muchos años viajaría a su propio pasado y su esencia futura se apoderaría de su cuerpo (y por consecuencia, de sus actos), haciendo que este se comportara correctamente para que los acontecimientos ocurrieran de la manera esperada.

Era una forma bastante extraña de pensar que, aun con el paso del tiempo, seguiría cuidando de ella misma… pero, ¿acaso no se sentía orgullosa de ser tan extraña?


. No sabía si se había vuelto loca… Pero al fin y al cabo, imaginar todo esto le encantaba.

¡Y era libre de imaginar lo que quisiera!



The Searcher


Según recordaba aquel sueño, iba caminando por un camino de asfalto cuando se pregunto si realmente su búsqueda había terminado.

De repente, la inmensidad del espacio se abrió ante sus ojos creando dos caminos de una longitud inalcanzable.

Hacia la derecha, un interminable desierto naranja, vigilado por un Sol ardiente; hacia la izquierda, un paisaje mecido por la luna y cubierto de nieve, al igual que el otro, de interminables dimensiones...

Entonces se paro a reflexionar, y lo que parecieron unos instantes, en su mente fueron siglos de reflexiones, casi una eternidad...

Y se dio cuenta de algo... Pensó que, lo verdaderamente importante de su búsqueda no era llegar a su destino, era el camino.

Y el espacio se fundió delante suya para mostrarle un paisaje totalmente nuevo, indescriptible para el ojo humano, mezcla de los dos anteriores, hijo del Sol y de la Luna.

Y continúo caminando, mas por cada huella que iba dejando tras sus pasos, crecía una Flor.


Un rastro de flores que marcaron la senda que, un buen día hacia tiempo, decidió comenzar.