martes, 19 de abril de 2011

The Searcher


Según recordaba aquel sueño, iba caminando por un camino de asfalto cuando se pregunto si realmente su búsqueda había terminado.

De repente, la inmensidad del espacio se abrió ante sus ojos creando dos caminos de una longitud inalcanzable.

Hacia la derecha, un interminable desierto naranja, vigilado por un Sol ardiente; hacia la izquierda, un paisaje mecido por la luna y cubierto de nieve, al igual que el otro, de interminables dimensiones...

Entonces se paro a reflexionar, y lo que parecieron unos instantes, en su mente fueron siglos de reflexiones, casi una eternidad...

Y se dio cuenta de algo... Pensó que, lo verdaderamente importante de su búsqueda no era llegar a su destino, era el camino.

Y el espacio se fundió delante suya para mostrarle un paisaje totalmente nuevo, indescriptible para el ojo humano, mezcla de los dos anteriores, hijo del Sol y de la Luna.

Y continúo caminando, mas por cada huella que iba dejando tras sus pasos, crecía una Flor.


Un rastro de flores que marcaron la senda que, un buen día hacia tiempo, decidió comenzar.



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