miércoles, 28 de septiembre de 2011

Lagrimas de hijos del mar

Imaginaos una ciudad ficticia rodeada de montañas en la que, en sus proximidades no existiera el océano. Ahora imaginad que en esa ciudad viven muchísimas personas con sus respectivas tareas y ocupaciones, amistades y amores. Y puestos a imaginar, imaginemos que la ciudad esta dividida en dos… vertientes, creencias, partidos políticos o como queramos llamarlo. Una de esas dos vertientes esta capitaneada por la personificación de la Justicia, cuyos valores se basan en lo que se basa la justicia mismamente dicha. La otra la dirige el señor Corrupción (una personificación de la corrupción que se rige por sus mismos valores). Una de cal y otra de arena.



Siempre existieron disputas entre los seguidores de Justicia y los de Corrupción. Pero eso es lo de menos. Centrémonos en dos creyentes de la justicia, un hombre y una mujer, enamorados desde la primera vez que se miraron a los ojos. Nada podría separarlos nunca jamás… o eso pensaban ellos. Eran felices compartiendo momentos preciosos juntos, hablando sobre la inmensidad del cielo o lo que podría existir mas allá de las montañas. El, se bañaba en la inspiración de ella y subía a diario a lo alto de la colina donde se conocieron a pintar el paisaje que desde allí se vislumbraba. Y como cada día que pasaba estaba más enamorado de ella, el paisaje dibujado iba siendo más bonito cada vez.


Vinieron malas épocas para aquella ciudad. Los corruptos iban ganando más adeptos entre los justos; el golpe de estado se olía cada día que pasaba. Pero a nuestra pareja protagonista eso no le importaba. El mundo podría ser todo lo corrupto que quisiera que jamás influenciaría en su historia de amor. El seguía pintando el paisaje y ella lo seguía esperando en su hogar, bastante alejado del núcleo de la ciudad, a los pies del fuego de la chimenea donde avivaban la llama de su pasión.


Un día, el señor Corrupción y el señor Justicia se reunieron. Tras largas horas de charla y una buena suma de dinero, Justicia decidió abandonar la ciudad y a todos sus seguidores. Pensó incluso en cambiarse el nombre y empezar una nueva vida en otro lugar. La ciudad paso a ser gobernada por el señor Corrupción, que obligaba a todos los habitantes a ser de su bando, bajo la pena de muerte por la negación de su mandato. En menos de una semana, todo justo se había convertido en corrupto. Bueno, todos no, seguían quedando dos personas…



Ese día había dibujado el paisaje más bonito desde aquella colina. Era tan perfecto, que parecía que el humo que emanaba de las chimeneas en la lejanía era de verdad. Corrió colina abajo, más deprisa que nunca para enseñárselo a su amada. Deseaba verla, abrazarla como nunca, decirle que la quería. Pero al llegar a casa se encontró a esta vacía. ¿Dónde se encontraba?


La busco por toda la ciudad durante días. Con lágrimas en los ojos y más preocupado que nunca (no había llegado a soltar el cuadro), llego el tercer día de su búsqueda. La encontró. El cuadro cayo al suelo en ese instante, quedo destrozado. Ella estaba allí, cogida del brazo de un corrupto cualquiera… sus ojos habían cambiado por completo.


¿Porque había sucedido esto? ¿Que había pasado? Tantas preguntas rondaban su cabeza y nadie podía explicarle nada. Ella ni siquiera le miraba a la cara. Pensó en convertirse en un corrupto, pero no habría servido de nada, eso no le salía.


El último hombre justo subió a su colina. Pinto la ciudad más triste que su pincel pudiera haber plasmado jamás. Una ciudad corrupta y oscura, sin el menor tinte de justicia. Nada de lo que allí ya pasaba le importaba. Y al ver su cuadro terminado comenzó a llorar. Lloro con tanta fuerza que sus lágrimas empezaron a cubrirle los tobillos. Paso un día, y otro, e incluso otro, y el continuo llorando. Lloro tanto que las lágrimas crearon un inmenso mar que, de repente, se torno turbio y escandaloso. Una inmensa ola tapo el cielo y cayo sobre toda la ciudad, arrasando todas las casas y a todas las personas. Cada habitante, en la desesperación de morir ahogado, también lloro. Y las lagrimas de estos ayudaron a aumentar el tamaño del océano que se acababa de crear, dejando en el olvido a aquella ciudad en la que, un buen día hacia mucho tiempo, había comenzado la historia de amor mas bonita de todo el planeta. Y cada persona ahogada de convirtió en un hijo de ese mar que un hombre creo con su tristeza.


Cuentan los marineros que pasan por allí con sus barcos que se puede oír en ese mar un sonido similar a los llantos de desesperanza de una ciudad entera. Y al contar esta historia, se refieren a este como el océano de las lágrimas de los hijos del mar.



Reflexiones de un triste Septiembre



Creo que, si se diera el caso de que exista el Karma, a mi me acaba de dar en toda la cara. Y no digo esto porque haya sido muy malo y me ocurran malas acciones, no. A dia de hoy me considero una buena persona.

Estoy intentando decir que, a veces, alguien puede ser tan feliz, tan feliz, tan feliz que, de repente, esa felicidad explota. Y yo he sido tan feliz que se me ha consumido toda la alegria. Pero ojo, que no estoy triste por ello. Bueno, un poco triste si que estoy... en realidad bastante triste. Pero me alegro de haber sido tan feliz, porque eso es muy bonito. He vivido momentos increibles llenos de dulzura y amor, he sonreido al ver que sonreian por mi presencia, he sido el ser mas importante de la creacion...


Y puesto que viene como anillo al dedo, me gustaria recordar unas palabras que escribi hace bastante tiempo que vendrian a decir algo como esto:


Aun así me baño en la genialidad de mis ideas y sonrio al pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando no faltaba nada... Porque cuando no faltaba nada faltaba la capacidad de pensar en estas cosas.


Donde duele inspira, asi que ha llegado el momento de aprovechar al maximo la genialidad de mis ideas.

¡Que se prepare el Universo!

jueves, 22 de septiembre de 2011

Las fotografias del recuerdo


Y si ella no sabia donde me encontraba, tendría que ir a buscarla. Alce el vuelo y surque los cielos...

Y por más que busque, mi enmienda fue en vano. Cada cielo distinto que sobrevolé escondía encantos que atraían a mis oídos… mas no era eso lo que buscaba mi corazón.

Tras días que parecieron siglos, mi mente nostálgica creyó volverse loca. Ni el sueño ni la comida apetecianle a mi cuerpo. El dolor torturaba mi alma y la envejecía a cada segundo.

¡Tenia que encontrarla!

No se si fue por el agotamiento, o porque el destino así lo quisiera, todo volvió a pararse y escuche el sonido del viento:


-Abraza el sueño al caer el Sol


Y me lancé a los brazos de Morfeo…

Estaba viajando al mundo de los sueños. Me encontraba en la blanca inmensidad, flotando, etéreo. Había una luz al fondo, a la que debía llegar. Por supuesto, me abalance hacia ella. Y cuanto mas me acercaba, más oscuro se iba volviendo todo. Se dibujaron unas oscuras nubes que brillaban como brillaría el odio de los dioses. Y de estas cayeron los rayos más fieros que atravesaron mi esencia…

¡Pero eso no me importaba, debía llegar como fuese, ya quedaba poco, lo estaba consiguiendo!


-Quizás no gustes de lo que se encuentra al final del camino…


Pero ya había llegado. Estaba en el lugar de mi memoria en el que se guardan todas esas imágenes importantes en el transcurso de una vida. Eran esas fotografías mentales con ella, todos esos momentos que seguían dentro de mi recuerdo. Y las observe una por una, riendo, llorando, emocionándome con cada distinta que mis ojos vislumbraban.


Todo se volvió oscuro. Abrí los ojos. Había despertado….


Ahora, ya sabia donde se hallaba. Sabía que iba a ir a buscarla en ese mismo momento. En ese momento y no otro.


Pese a lo que pudiera encontrarme…



lunes, 19 de septiembre de 2011

A 5 centimetros por segundo


De repente, todo el mundo se quedo paralizado… Lo se porque yo era el único que podía moverse.

Cierro los ojos. Siento como algo se mueve en mi estomago, como si volara…

Los vuelvo a abrir para descubrir que estoy en una oscuridad absoluta, rodeado de estrellas. El centro del universo.

Y cuando miro hacia abajo observo una espiral, un abismo que atrae a todas las estrellas para tragárselas y hacerlas desaparecer para siempre en un infinito oscuro.

Azathoth.

Entonces empiezo a ser absorbido. Desciendo a 5 centímetros por segundo. Miles de imágenes pasan por mi cabeza en ese momento… ¿Estoy preparado?

Veo manos que quieren salvarme, pero, aunque no vea los cuerpos de sus portadores las reconozco a todas y cada una de ellas. Y, como ninguna es la que yo quiero, me dejo tragar… Escucho en mi cabeza:

-Ven, reúnete conmigo y desaparece para siempre.

Me rindo, no quiero luchar. Comienzo a llorar…


Ojala hubiera despertado como siempre de un sueño…

Esta vez, no fue así.



viernes, 16 de septiembre de 2011

Punto de inflexion

Existe en cada persona un punto de inflexion que la determina respecto a como es.

Resulta que, mientras buscaba la razon de porque soy como soy, me di cuenta de que estabamos experimentando uno de esos puntos que pueden cambiar el transcurso de un ser humano. Mi mente paro el tiempo y el viento, rozandome la cara, me dijo:


-¿Sabes donde esta el lugar mas maravilloso del universo?


Y yo le respondi:

-Por supuesto... alli donde esta ella, la misma a la que le prometi mi amor eterno...


-¿Y acaso ella sabe donde estas tu? - me interrumpio.


¡Claro que si! Si no, estoy perdido...


Y si ella no sabia donde me encontraba, tendria que ir a buscarla. Alce el vuelo y surque los cielos...

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿Y si...


-¿Y si nos dejamos llevar, nos cogemos de la mano y hacemos de esto lo mas maravilloso del mundo?



-¿Pero... y si nos equivocamos...?


-¿Y si no?






Hay veces que, cuando despiertas, el cielo sigue siendo azul. Incluso puede dejarte algo increible por descubrir.

Hay veces que hasta puedes despertar entre las flores, despues de un maravilloso sueño.

:)

sábado, 10 de septiembre de 2011

El final del camino

Comienza la funcion. Acto final. Silencio.


Con el rostro inundado de lágrimas, alguien observaba como su estrella en el cielo se apagaba. La soledad se torno vacío mientras su cuerpo se derretía. Cada lágrima que caía por sus mejillas le retorcía la mente de dolor; y cuando la mente duele, duele de verdad. Cada recuerdo, cada pequeño recuerdo se fue borrando a la vez que se preguntaba porque.


¿PORQUE? ¿PORQUE? ¿PORQUE? ¿PORQUE? ¿PORQUE? ¿PORQUE?


Una luz lo ilumino en la inmensa oscuridad. Su voz no emitía palabras, sus palabras no eran importantes; no consiguieron salvar nada. Sentía furia, aunque realmente sabia que era tristeza. Estaba muy triste. Estaba tan triste que sus ojos perdieron el brillo que los caracterizaban. ¿Acaso el tenia la culpa de ser así?

-Ya no quiero soñar más. Ya no quiero volar por el Universo. Ya no quiero sonreír…

-Quiero quedarme aquí plantado para siempre…

-No quiero estar triste…

-¡No quiero estar solo!


PERO ESTAS SOLO


Y en su cabeza solo se repetía la misma frase, cada vez más fuerte, haciendo que le doliera como si mil bombas explotaran a la vez en su interior. Tenía el Big Bang dentro de ella y dolía demasiado. En un segundo experimentaba un siglo de sufrimientos. Estaba perdiendo todas sus ideas. Cada paraíso imaginado se convirtió en cenizas, cada sueño por cumplir se borro. Todo le parecía una mentira…

En el cielo infinito, una estrella se apago. Y esa estrella dejo a una persona llorando en el mundo.

Se cierra el telón. La función ha terminado. Ahora, yo me pregunto:

¿Merece la pena aplaudir?


martes, 6 de septiembre de 2011

El Viajero Espacial


En plena época de la conquista del universo, cierto viajero espacial emprendió un largo camino, rumbo a lo más profundo de la inmensidad de las galaxias. Su misión, o quizás fuera su sueño, consistía en apropiarse de una estrella habitable y darle su nombre, para que así quedara en el recuerdo de los que estaban por llegar en el tiempo. Había pasado tanto tiempo desde el primer viaje a la conquista de una estrella que ya nadie recordaba el porque solían hacerse estas cosas, pero no era algo raro que un humano, cumplida cierta edad, volara rumbo al infinito para hacer suyo un astro; de todos modos, el universo, inmenso universo, poseía millones de estos para complacer a los mortales…

A bordo de su nave el viajero vaga en la noche eterna de un infinito cielo estrellado. Observa que con cada estrella que se topa, alguien se le ha adelantado en la conquista. Y claro, es normal que esto suceda en un mundo en el que la mitad de sus habitantes se encomiendan a esta tarea. De todos modos, el viajero no se conformaría con una estrella cualquiera; su ambición le obliga a encontrar aquella que destaque por su rareza, que deslumbre por su plenitud, aquella que mas se le asemeje.


Y daba igual que esto le ocupara años y años…


Dejaba atrás a una familia, a unos amigos con los que siempre había estado. Para el, al fin y al cabo, eso no era un problema comparado con la satisfacción que sentía al pensar que una vez logrado su objetivo, podría llevarlos a su estrella para brindarles una nueva vida en una nueva dimensión.


Y su búsqueda continuaba sin ningún resultado, cada vez mas alejado de su hogar…


Se encontró con estrellas azules, tan brillantes que cegarían los ojos de cualquiera que las mirara fijamente; estrellas tan oscuras que el simple hecho de aterrizar en ellas asustarían al corazón mas valiente; estrellas de todos los colores que emitían todo tipo de sensaciones… y que, habitadas o no, no le resultaban interesantes.


. . .


Un día, al cumplir más o menos 7 años desde que abandono la Tierra, un sobresalto lo despertó antes de su hora habitual. Fijo las coordenadas. Se encontraba en los límites entre su universo y otro, cerca del lugar en el que terminaba este y empezaba aquel. Sabía que no debía alejarse del suyo puesto que sus mapas no contenían tanta información y podría acabar perdido. Pero una fuerte gravedad le estaba atrayendo… ¡Estaba atrayendo a su nave a prueba de cualquier tipo de absorción de acercamiento por gravedad! Conforme se iba acercando pudo visualizar lo que lo que lo estaba atrapando. Y sus ojos no pudieron creer lo que veían. Posiblemente se tratara de la estrella brillante más verde y, sin embargo, la más terrible que había encontrado en todo su vuelo. No sabia porque, pero era lo que sentía, y no era buen especialista en describir sus sentimientos.

La velocidad aumento, la nave comenzó a emitir sonidos extraños… Algo explotaba… fuego por todas partes… ¡Todo control se había perdido!

¿Estaría a punto de morir?


---Abre tus ojos---




Despertó, lo que significaba que aun seguía con vida.


Echo un vistazo a su nave. Estaba destrozada, pero no era nada que no pudiera arreglar. Le había dado tiempo a activar los escudos, que posiblemente fueran los que lo salvaron del impacto. A cambio toda la energía se redujo a cero. Y eso significaba que necesitaba dos años de rayos solares para poder despegar de nuevo. Dos largos años atrapado en… ¿Dónde estaba?

Al salir la contemplo por primera vez en su plenitud. Era una estrella verde. Se había estrellado en una gran llanura repleta de brillantes flores que parecían un sueño de hadas, pero a su vez estaba rodeado de fieros volcanes que se asemejaban a las pasiones de un turbulento corazón. Era un lugar bastante extraño, impresionante para la vista, pero peligroso para su vida, puesto que los volcanes continuamente estallaban y dejaban ver ríos de lava que abrasarían hasta a los mismos dioses. Si realmente tenía que aguantar esto durante los dos años que duraría su reclusión, ¡se acabaría volviendo loco!

El ruido de las explosiones rodeaba toda la estrella, que, en vez de un mar de agua, poseía mares de lava. Decidió explorar para conocer mejor la que seria, durante un tiempo, su nueva casa.

A los tres días de su llegada, después de pasarlos corriendo en cada momento para no morir ahogado en ríos de fuego, encontró una cueva en una montaña. Al atravesarla, cosa que le llevo más de unas horas, llego a una zona repleta de acantilados a bastante altura de los mares color rojo. Aquel lugar era diferente. El silencio reinaba a su alrededor. Se sentó al borde del abismo y cerro los ojos. Y fue entonces cuando la escucho por primera vez… Una voz dentro de su cabeza que le hablaba a su corazón.


-¿Quién eres? ¿Qué has venido a hacer aquí?


-Soy un viajero espacial y estoy aquí porque mi nave se ha estrellado. Hace muchos años partí de un planeta habitado, al otro extremo del vasto universo para conquistar una estrella…


-¿Crees que estas a la altura de llegar aquí y hacer de mi algo que puedas poseer? – le interrumpió – Yo no soy algo de lo que te puedas hacer dueño.


-Realmente no esta entre mis objetivos conquistar una estrella que no es habitable. No te preocupes puesto que arreglare mi vehiculo y me marchare en cuanto me sea posible.


Y el viajero, ofendido, se levanto y se marcho de los acantilados. En su regreso, en el interior de la cueva, encontró un manantial de agua pura que juraría no se encontraba allí cuando paso por primera vez…

Reconstruyo su nave espacial y se dispuso a esperar a que la energía estuviera al completo.


. . .


Quizás por sentirse solo en aquel lugar, al mes de su estancia, decidió volver a los acantilados para relajarse de los volcanes. También sentía curiosidad por volver a hablar con aquella voz, que se imaginaba que no podía ser otra cosa que el alma de la estrella. ¿Las estrellas poseen alma?

Se sentó al borde, cerró los ojos y volvió a escucharla:


-¿Porque has vuelto?


-Siento la necesidad de hablar con alguien. Llevo muchos años solo y creo que tu también. Mientras se repara mi nave podríamos contarnos algo, ¿no crees?


-No me caes bien.


-¡Pero si ni siquiera me conoces!


-No me fió de ti…


-Mi sueño siempre fue viajar por el universo. Realmente no me importaba lo que durara mi viaje… quizás eso de conquistar una estrella solo era una excusa para vislumbrarlo.


Al marcharse, a su regreso por la cueva descubrió unas frutas que, tras probarlas, pensó que eran lo mas rico que había comido en su vida.


. . .


Transcurrieron los días así como las conversaciones entre el viajero y la estrella. Ella le contó lo sola que se sentía. Como cada visitante que había ido a parar a ella se acababa marchando. Algunos lo hacían por encontrarse esta al extremo del universo. A otros simplemente no les parecía interesante. Cada vez que una persona aterrizaba, una preciosa flor nacía en el suelo; cada vez que alguien se iba surgía un volcán que entraba en erupción. Y ella se sentía tan sola… Y el la comprendía tan bien…

Pasaba los días enteros al borde del acantilado hablando con la estrella, que le contaba historias sobre el origen del universo y lo que creía que había al pasar el borde que separaba este del otro. El le contaba su vida en la Tierra y como eran realmente las personas que allí habitaban. Ella le contaba que escondía mas secretos y lugares inaccesibles de los que el se podía imaginar, pero que no se los enseñaría; y el siempre insistía y reía al escuchar la negativa. Ambos hacían al otro mas feliz.

Y cada día que pasaba, la estrella se hacia mas habitable para el viajero.


-Viajero, no se si te has dado cuenta, pero han pasado mas de dos años y sigues viniendo a diario a este acantilado para hablar conmigo…


-¿Te fías entonces ya de mi?


-Pero tu nave esta completamente arreglada… ¿No vas a marcharte?


-Parece que vine a conquistar una estrella, y es la estrella la que me ha conquistado a mí…


En ese mismo instante, el silencio arraso toda la plenitud y el viajero sintió dentro de su corazón a la estrella por completo.


. . .


Paso el tiempo y llego el momento en que el reloj de la vida del viajero llegaba a su fin. Al borde de su querido acantilado se despidió de su querida estrella y se durmió para siempre. En ese mismo lugar, en ese mismo instante, un árbol gigantesco creció rápidamente. De su esencia surgió el alma del viajero, que al flotar, vio delante de sus propios ojos al alma de la estrella, por primera vez. Esta, flotando, lo cogio de la mano y le susurro al oído:


-Ahora, estaremos juntos para siempre. Déjame enseñarte todo lo maravilloso que se esconde entre nosotros.


Y al volar, dejaron una estela que, difícilmente, el tiempo podría borrar jamás.






viernes, 2 de septiembre de 2011

En el cielo compartido


En el ocaso de un día, justo cuando coinciden la Luna y el Sol en el mismo cielo, dos sombras mantenían una conversación.

-¡Te digo que el chico ya no es lo que era!

-No hace falta que me lo jures... Antes no se ensimismaba de la misma manera en que lo hace ahora. Algo extraño le esta rondando la cabeza desde hace días y creo que tanto tu como yo lo notamos.

-Antes hubiera huido corriendo, hubiera pasado del asunto. Pero parece ser que le preocupa más de la cuenta.

-Esta cambiando...

-A lo mejor se esta haciendo grande.

-¡No seas payaso! Nuestro amigo siempre ha sido grande. Solo que conforme va creciendo y se va encontrando situaciones más decisivas en su vida, prefiere planteárselo de una manera diferente. Déjalo que reflexione.

-Algo en claro acabara sacando.

-Y esperemos que sea la decisión correcta.

-Sea o no sea la correcta, será la que le dicte su interior. Y esa será la buena, que lo se yo que lo conozco desde hace mucho.


Entonces me gire para descubrir que mi sombra del Sol y mi sombra de la Luna estaban teniendo una de sus habituales charlas.



-¡Oh vamos! ¿Otra vez estáis con las vuestras? Dejad de chismorrear y esperad a que el tiempo haga su labor...


Y la sombra del Sol se desvaneció dejándome a solas, pensando, con mi sombra de la Luna, no sin antes despedirse:


-Nos vemos al alba vieja amiga.


:)