En plena época de la conquista del universo, cierto viajero espacial emprendió un largo camino, rumbo a lo más profundo de la inmensidad de las galaxias. Su misión, o quizás fuera su sueño, consistía en apropiarse de una estrella habitable y darle su nombre, para que así quedara en el recuerdo de los que estaban por llegar en el tiempo. Había pasado tanto tiempo desde el primer viaje a la conquista de una estrella que ya nadie recordaba el porque solían hacerse estas cosas, pero no era algo raro que un humano, cumplida cierta edad, volara rumbo al infinito para hacer suyo un astro; de todos modos, el universo, inmenso universo, poseía millones de estos para complacer a los mortales…
A bordo de su nave el viajero vaga en la noche eterna de un infinito cielo estrellado. Observa que con cada estrella que se topa, alguien se le ha adelantado en la conquista. Y claro, es normal que esto suceda en un mundo en el que la mitad de sus habitantes se encomiendan a esta tarea. De todos modos, el viajero no se conformaría con una estrella cualquiera; su ambición le obliga a encontrar aquella que destaque por su rareza, que deslumbre por su plenitud, aquella que mas se le asemeje.
Y daba igual que esto le ocupara años y años…
Dejaba atrás a una familia, a unos amigos con los que siempre había estado. Para el, al fin y al cabo, eso no era un problema comparado con la satisfacción que sentía al pensar que una vez logrado su objetivo, podría llevarlos a su estrella para brindarles una nueva vida en una nueva dimensión.
Y su búsqueda continuaba sin ningún resultado, cada vez mas alejado de su hogar…
Se encontró con estrellas azules, tan brillantes que cegarían los ojos de cualquiera que las mirara fijamente; estrellas tan oscuras que el simple hecho de aterrizar en ellas asustarían al corazón mas valiente; estrellas de todos los colores que emitían todo tipo de sensaciones… y que, habitadas o no, no le resultaban interesantes.
. . .
Un día, al cumplir más o menos 7 años desde que abandono la Tierra, un sobresalto lo despertó antes de su hora habitual. Fijo las coordenadas. Se encontraba en los límites entre su universo y otro, cerca del lugar en el que terminaba este y empezaba aquel. Sabía que no debía alejarse del suyo puesto que sus mapas no contenían tanta información y podría acabar perdido. Pero una fuerte gravedad le estaba atrayendo… ¡Estaba atrayendo a su nave a prueba de cualquier tipo de absorción de acercamiento por gravedad! Conforme se iba acercando pudo visualizar lo que lo que lo estaba atrapando. Y sus ojos no pudieron creer lo que veían. Posiblemente se tratara de la estrella brillante más verde y, sin embargo, la más terrible que había encontrado en todo su vuelo. No sabia porque, pero era lo que sentía, y no era buen especialista en describir sus sentimientos.
La velocidad aumento, la nave comenzó a emitir sonidos extraños… Algo explotaba… fuego por todas partes… ¡Todo control se había perdido!
¿Estaría a punto de morir?
---Abre tus ojos---
Despertó, lo que significaba que aun seguía con vida.
Echo un vistazo a su nave. Estaba destrozada, pero no era nada que no pudiera arreglar. Le había dado tiempo a activar los escudos, que posiblemente fueran los que lo salvaron del impacto. A cambio toda la energía se redujo a cero. Y eso significaba que necesitaba dos años de rayos solares para poder despegar de nuevo. Dos largos años atrapado en… ¿Dónde estaba?
Al salir la contemplo por primera vez en su plenitud. Era una estrella verde. Se había estrellado en una gran llanura repleta de brillantes flores que parecían un sueño de hadas, pero a su vez estaba rodeado de fieros volcanes que se asemejaban a las pasiones de un turbulento corazón. Era un lugar bastante extraño, impresionante para la vista, pero peligroso para su vida, puesto que los volcanes continuamente estallaban y dejaban ver ríos de lava que abrasarían hasta a los mismos dioses. Si realmente tenía que aguantar esto durante los dos años que duraría su reclusión, ¡se acabaría volviendo loco!
El ruido de las explosiones rodeaba toda la estrella, que, en vez de un mar de agua, poseía mares de lava. Decidió explorar para conocer mejor la que seria, durante un tiempo, su nueva casa.
A los tres días de su llegada, después de pasarlos corriendo en cada momento para no morir ahogado en ríos de fuego, encontró una cueva en una montaña. Al atravesarla, cosa que le llevo más de unas horas, llego a una zona repleta de acantilados a bastante altura de los mares color rojo. Aquel lugar era diferente. El silencio reinaba a su alrededor. Se sentó al borde del abismo y cerro los ojos. Y fue entonces cuando la escucho por primera vez… Una voz dentro de su cabeza que le hablaba a su corazón.
-¿Quién eres? ¿Qué has venido a hacer aquí?
-Soy un viajero espacial y estoy aquí porque mi nave se ha estrellado. Hace muchos años partí de un planeta habitado, al otro extremo del vasto universo para conquistar una estrella…
-¿Crees que estas a la altura de llegar aquí y hacer de mi algo que puedas poseer? – le interrumpió – Yo no soy algo de lo que te puedas hacer dueño.
-Realmente no esta entre mis objetivos conquistar una estrella que no es habitable. No te preocupes puesto que arreglare mi vehiculo y me marchare en cuanto me sea posible.
Y el viajero, ofendido, se levanto y se marcho de los acantilados. En su regreso, en el interior de la cueva, encontró un manantial de agua pura que juraría no se encontraba allí cuando paso por primera vez…
Reconstruyo su nave espacial y se dispuso a esperar a que la energía estuviera al completo.
. . .
Quizás por sentirse solo en aquel lugar, al mes de su estancia, decidió volver a los acantilados para relajarse de los volcanes. También sentía curiosidad por volver a hablar con aquella voz, que se imaginaba que no podía ser otra cosa que el alma de la estrella. ¿Las estrellas poseen alma?
Se sentó al borde, cerró los ojos y volvió a escucharla:
-¿Porque has vuelto?
-Siento la necesidad de hablar con alguien. Llevo muchos años solo y creo que tu también. Mientras se repara mi nave podríamos contarnos algo, ¿no crees?
-No me caes bien.
-¡Pero si ni siquiera me conoces!
-No me fió de ti…
-Mi sueño siempre fue viajar por el universo. Realmente no me importaba lo que durara mi viaje… quizás eso de conquistar una estrella solo era una excusa para vislumbrarlo.
Al marcharse, a su regreso por la cueva descubrió unas frutas que, tras probarlas, pensó que eran lo mas rico que había comido en su vida.
. . .
Transcurrieron los días así como las conversaciones entre el viajero y la estrella. Ella le contó lo sola que se sentía. Como cada visitante que había ido a parar a ella se acababa marchando. Algunos lo hacían por encontrarse esta al extremo del universo. A otros simplemente no les parecía interesante. Cada vez que una persona aterrizaba, una preciosa flor nacía en el suelo; cada vez que alguien se iba surgía un volcán que entraba en erupción. Y ella se sentía tan sola… Y el la comprendía tan bien…
Pasaba los días enteros al borde del acantilado hablando con la estrella, que le contaba historias sobre el origen del universo y lo que creía que había al pasar el borde que separaba este del otro. El le contaba su vida en la Tierra y como eran realmente las personas que allí habitaban. Ella le contaba que escondía mas secretos y lugares inaccesibles de los que el se podía imaginar, pero que no se los enseñaría; y el siempre insistía y reía al escuchar la negativa. Ambos hacían al otro mas feliz.
Y cada día que pasaba, la estrella se hacia mas habitable para el viajero.
-Viajero, no se si te has dado cuenta, pero han pasado mas de dos años y sigues viniendo a diario a este acantilado para hablar conmigo…
-¿Te fías entonces ya de mi?
-Pero tu nave esta completamente arreglada… ¿No vas a marcharte?
-Parece que vine a conquistar una estrella, y es la estrella la que me ha conquistado a mí…
En ese mismo instante, el silencio arraso toda la plenitud y el viajero sintió dentro de su corazón a la estrella por completo.
. . .
Paso el tiempo y llego el momento en que el reloj de la vida del viajero llegaba a su fin. Al borde de su querido acantilado se despidió de su querida estrella y se durmió para siempre. En ese mismo lugar, en ese mismo instante, un árbol gigantesco creció rápidamente. De su esencia surgió el alma del viajero, que al flotar, vio delante de sus propios ojos al alma de la estrella, por primera vez. Esta, flotando, lo cogio de la mano y le susurro al oído:
-Ahora, estaremos juntos para siempre. Déjame enseñarte todo lo maravilloso que se esconde entre nosotros.
Y al volar, dejaron una estela que, difícilmente, el tiempo podría borrar jamás.
Es un relato porque comprende la transformacion del personaje. Y luego me suspenden en narrativa ¬¬
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