En el ocaso de un día, justo cuando coinciden la Luna y el Sol en el mismo cielo, dos sombras mantenían una conversación.
-¡Te digo que el chico ya no es lo que era!
-No hace falta que me lo jures... Antes no se ensimismaba de la misma manera en que lo hace ahora. Algo extraño le esta rondando la cabeza desde hace días y creo que tanto tu como yo lo notamos.
-Antes hubiera huido corriendo, hubiera pasado del asunto. Pero parece ser que le preocupa más de la cuenta.
-Esta cambiando...
-A lo mejor se esta haciendo grande.
-¡No seas payaso! Nuestro amigo siempre ha sido grande. Solo que conforme va creciendo y se va encontrando situaciones más decisivas en su vida, prefiere planteárselo de una manera diferente. Déjalo que reflexione.
-Algo en claro acabara sacando.
-Y esperemos que sea la decisión correcta.
-Sea o no sea la correcta, será la que le dicte su interior. Y esa será la buena, que lo se yo que lo conozco desde hace mucho.
Entonces me gire para descubrir que mi sombra del Sol y mi sombra de la Luna estaban teniendo una de sus habituales charlas.
-¡Oh vamos! ¿Otra vez estáis con las vuestras? Dejad de chismorrear y esperad a que el tiempo haga su labor...
Y la sombra del Sol se desvaneció dejándome a solas, pensando, con mi sombra de la Luna, no sin antes despedirse:
-Nos vemos al alba vieja amiga.
:)
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