El camino de siempre se hizo mas duro que de costumbre.
Algunas lenguas dicen que soy el único responsable de que este último se
enardeciera…
Mientras camino pienso, pienso cada vez mas, estrujo mi subconsciente
para que eclosionen los pensamientos mas nefastos, cuales realmente son los que
te prometen ver la claridad de lo que verdaderamente sucede en el País de la
Mente. Consigo llegar a lo mas profundo de mi interior y atravesar la última
puerta de los recuerdos proximos, desgastada y vieja. Una vez allí, escucho en mi cabeza la
siguiente frase:
-No eres inmune.
Y es cierto; ya no soy inmune. Quizás algún día lo fui, pero
ya… no. Ahora el peso de mis decisiones me afecta sobremanera, causándome un
tremendo dolor en la conciencia para conmigo mismo; un tremendo dolor para los
demás. Siempre busque un alma de similar concepción para realizar mi búsqueda
del conocimiento de la vida, pero en este momento, creo que es mas conveniente
realizarlo yo solo.
Abandono el camino. Me desvio por uno mucho mas personal porque
no tengo otro remedio. Es imprescindible valerse de una compañía para andar por
los extraños e inexcrutables parajes de la experiencia, pero mi persona hace que mis propias compañias
se marchiten antes de tiempo… por mi única culpa.
Ya no soy inmune y, para colmo, descubro que soy destructivo.
Por todo ello, debo seguir caminando solo; tengo que conocerme de nuevo, a un
nivel mucho mas profundo, teniendo en cuenta la complejidad de la situacion del
momento. Empieza una nueva etapa, en la bifurcación de un camino que hace
muchísimo, muchísimo tiempo, decidí comenzar…
Mis fuerzas me abandonan antes que de costumbre y tengo que
parar a descansar mas a menudo. Entonces es cuando sueño. Sueño que desfallezco
solitario; mis energias no dan mas de si y caigo desplomado, al borde de la
no-existencia. Y entonces, alguien a quien no logro reconocer me tiende la mano
para ayudar a levantarme. Es el ¿maldito? sueño que se repite una y otra vez…
Una y otra vez... una y otra vez...