Ha pasado el tiempo y nadie recuerda a los vaqueros.
De repente, el mundo ya no es lo que era. Se perdió el respeto, y todo se colmó de momentos desagradables, y entonces, se despreciaron a aquellos que aún sentían que las cosas debían seguir su curso, debían seguir por ese agradable camino por el que habían ido siempre. Ya nadie atiende al consejo que unos labios sabios y repletos de experiencia puedan brindarle. Por eso, muchos de los secretos, muchas de las historias del pasado quedaran enterradas para siempre y solo sabremos lo que la mayoría quiere que sepamos.
Los vaqueros están olvidados… están olvidados y han sido sustituidos por “cowboys en miniatura”, que impondrán su derecho de falso honor, un respeto que no estarán de acuerdo en devolver. Y desgraciadamente, los niños verán en estos a sus héroes. Y es triste...

Por eso no debemos rendirnos, porque no podemos darle el placer de ponerle las cosas tan sencillas. Porque aunque los vaqueros estén olvidados, no están muertos. Porque aunque nadie los respeten, ellos seguirán respetando, siendo fieles a su palabra.
De vez en cuando, hay que bajar de las estrellas a poner las cosas en su sitio.