jueves, 31 de marzo de 2011

En el cielo, las estrellas


Cógeme de la mano…

Volemos hacia cada una de ellas.

Desde Casiopea hasta Cefeo, de Andrómeda a Perseo. Que nos cuenten sus historias, nos enseñen a sus hijos, nos envuelvan con su brillo.

Flotemos por los anillos robados de Prometeo.

Hagamos que la noche eterna nos envuelva en un manto de estrellas y fundámonos en la oscuridad del Universo.

Pero mejor que nadie nos vea.



Cógeme de la mano…

y cierra los ojos.

lunes, 28 de marzo de 2011

Telescopium

Se marchó.

Se fue a vivir al campo, retirado de la ciudad. Pero no lo hizo para alejarse del ruido, las presiones o el estrés de la vida cosmopolita. Sus motivos eran más bien diferentes. Huyo de los altos edificios, de la contaminación…



¡Quería ver estrellas!


¡Y su telescopio sería testigo de ello!


viernes, 25 de marzo de 2011

Los hombres olvidados


Ha pasado el tiempo y nadie recuerda a los vaqueros.

De repente, el mundo ya no es lo que era. Se perdió el respeto, y todo se colmó de momentos desagradables, y entonces, se despreciaron a aquellos que aún sentían que las cosas debían seguir su curso, debían seguir por ese agradable camino por el que habían ido siempre. Ya nadie atiende al consejo que unos labios sabios y repletos de experiencia puedan brindarle. Por eso, muchos de los secretos, muchas de las historias del pasado quedaran enterradas para siempre y solo sabremos lo que la mayoría quiere que sepamos.

Los vaqueros están olvidados… están olvidados y han sido sustituidos por “cowboys en miniatura”, que impondrán su derecho de falso honor, un respeto que no estarán de acuerdo en devolver. Y desgraciadamente, los niños verán en estos a sus héroes. Y es triste...





Por eso no debemos rendirnos, porque no podemos darle el placer de ponerle las cosas tan sencillas. Porque aunque los vaqueros estén olvidados, no están muertos. Porque aunque nadie los respeten, ellos seguirán respetando, siendo fieles a su palabra.


De vez en cuando, hay que bajar de las estrellas a poner las cosas en su sitio.


miércoles, 16 de marzo de 2011

Demasiado humano


Parecía un ser humano. De hecho, más humano que algunas personas que habitan en el planeta. Estaba tallado a imagen y semejanza del hombre, destinado a servirlo hasta el fin de su existencia. Por fuera, carne sintética los recubría entero; por dentro, complejos circuitos, cables y pequeñas bombillas que parpadeaban siguiendo un patrón.

Tendría una tarea sencilla: ocuparse de las labores del hogar que sus dueños le designaran, incluido el cuidado de los niños. ¿Qué mejor que un robot para ocuparse de estos asuntos? Claro está, siempre y cuando se estuviera dispuesto a pagar un elevado precio por el modelo.

Millones de ejemplares producidos en cadena y, de todos ellos, este parecía demasiado humano…






Sus ojos, de un precioso color amarillo, brillaban como si estuviera soñando constantemente.


lunes, 7 de marzo de 2011

El nuevo despertar



Abrió los ojos . . .

El reloj de arena seguía en su sitio, funcionaba correctamente. En su cabeza aún resonaba el sueño que acababa de tener, quería recordarlo en su totalidad . . .

Llevaba durmiendo mucho tiempo, puesto que tuvo que andar un largo camino entre el mundo de lo onírico. Pero esta vez no se encontraba allí por obligación como otras tantas veces. Estaba de vacaciones, sus dias de ocio en el pais de la mente.

¿Por qué no si ya podía controlar al completo sus experiencias allí?

En ese mismo instante comprendió que, después de eso, ya no había limites para su esencia. Podía apagar todas las estrellas del Padre Universo, encender soles al chasquido de sus dedos, controlar las vidas de aquellos que les dejaban entrar en su casa. Si quería, podía crear planetas y hacer de estos el lugar mas apacible para la estancia allí, o el mas hostil para una condena entre sus fronteras. El mismo hecho de poder hacer todo esto asustaría a cualquier ser que, como el, hubiera nacido en sus mismas condiciones. Había conseguido superar el infinito para adentrarse en un lugar en el que espacio y tiempo no existirían jamás, en el que él pondría los limites. Miles de vidas, ¡que digo!, millones de vidas al servicio de su voluntad para conquistar cualquier punto que se le atonjara.

Había superado a Dios para convertirse en él Demonio que siempre lo estuvo dominando. Pero esta vez sería distinto, no se dejaría caer en las garras de lo innominable para cometer los errores que le estuvieron persiguiendo de por vida. Tenía mucho que escribir y hacer de ello la realidad, para alimentar su palacio de sabiduria a su manera . . .

Miró el reloj de arena y este multiplicó su tamaño, haciendo que, a cada partícula que caia, el recipiente se hiciera mas ancho. Ya no medía el tiempo; ahora medía la existencia. Y tendría que purgar las almas de muchos seres para lograr su cometido.

El ambiente se torno oscuro.

. . .


De repente, volvió a abrir los ojos para encontrarse de nuevo en su cama. Seguía siendo el mismo, con las mismas aspiraciones. ¿Habría sido todo un sueño? o, ¿lo habría logrado de verdad?

Solo existía una manera de comprobarlo . . . Tendría que poner en práctica todo lo que había aprendido, suprimir el límite de sus consecuencias . . .

Y salió de su planeta, voló alto hacia las estrellas y contempló toda la inmensidad de la creación bajo sus pies.

La vió, y una sonrisa de alzó en su rostro . . .





Había regresado y tenía mucho que escribir.
Pero esta vez, y a diferencia de las otras, sabía donde se encontraba su propia estrella

Y eso, lo hacía el ser mas poderoso del Universo.

Bienvenidos de nuevo a mi BigBang