miércoles, 16 de marzo de 2011

Demasiado humano


Parecía un ser humano. De hecho, más humano que algunas personas que habitan en el planeta. Estaba tallado a imagen y semejanza del hombre, destinado a servirlo hasta el fin de su existencia. Por fuera, carne sintética los recubría entero; por dentro, complejos circuitos, cables y pequeñas bombillas que parpadeaban siguiendo un patrón.

Tendría una tarea sencilla: ocuparse de las labores del hogar que sus dueños le designaran, incluido el cuidado de los niños. ¿Qué mejor que un robot para ocuparse de estos asuntos? Claro está, siempre y cuando se estuviera dispuesto a pagar un elevado precio por el modelo.

Millones de ejemplares producidos en cadena y, de todos ellos, este parecía demasiado humano…






Sus ojos, de un precioso color amarillo, brillaban como si estuviera soñando constantemente.


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