Abrió los ojos . . .
El reloj de arena seguía en su sitio, funcionaba correctamente. En su cabeza aún resonaba el sueño que acababa de tener, quería recordarlo en su totalidad . . .
Llevaba durmiendo mucho tiempo, puesto que tuvo que andar un largo camino entre el mundo de lo onírico. Pero esta vez no se encontraba allí por obligación como otras tantas veces. Estaba de vacaciones, sus dias de ocio en el pais de la mente.
¿Por qué no si ya podía controlar al completo sus experiencias allí?
En ese mismo instante comprendió que, después de eso, ya no había limites para su esencia. Podía apagar todas las estrellas del Padre Universo, encender soles al chasquido de sus dedos, controlar las vidas de aquellos que les dejaban entrar en su casa. Si quería, podía crear planetas y hacer de estos el lugar mas apacible para la estancia allí, o el mas hostil para una condena entre sus fronteras. El mismo hecho de poder hacer todo esto asustaría a cualquier ser que, como el, hubiera nacido en sus mismas condiciones. Había conseguido superar el infinito para adentrarse en un lugar en el que espacio y tiempo no existirían jamás, en el que él pondría los limites. Miles de vidas, ¡que digo!, millones de vidas al servicio de su voluntad para conquistar cualquier punto que se le atonjara.
Había superado a Dios para convertirse en él Demonio que siempre lo estuvo dominando. Pero esta vez sería distinto, no se dejaría caer en las garras de lo innominable para cometer los errores que le estuvieron persiguiendo de por vida. Tenía mucho que escribir y hacer de ello la realidad, para alimentar su palacio de sabiduria a su manera . . .
Miró el reloj de arena y este multiplicó su tamaño, haciendo que, a cada partícula que caia, el recipiente se hiciera mas ancho. Ya no medía el tiempo; ahora medía la existencia. Y tendría que purgar las almas de muchos seres para lograr su cometido.
El ambiente se torno oscuro.
. . .
De repente, volvió a abrir los ojos para encontrarse de nuevo en su cama. Seguía siendo el mismo, con las mismas aspiraciones. ¿Habría sido todo un sueño? o, ¿lo habría logrado de verdad?
Solo existía una manera de comprobarlo . . . Tendría que poner en práctica todo lo que había aprendido, suprimir el límite de sus consecuencias . . .
Y salió de su planeta, voló alto hacia las estrellas y contempló toda la inmensidad de la creación bajo sus pies.
La vió, y una sonrisa de alzó en su rostro . . .
Había regresado y tenía mucho que escribir.
Pero esta vez, y a diferencia de las otras, sabía donde se encontraba su propia estrella
Y eso, lo hacía el ser mas poderoso del Universo.
Bienvenidos de nuevo a mi BigBang
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