lunes, 14 de noviembre de 2011

El sueño de Marte


Encontrábase el Dios Marte pensativo en su aposento. Perteneciente a la estirpe de los antiguos dioses, aquellos que tuvieron que retirarse puesto que el hombre ya no se encontraba bajo su mandato, Marte se planteaba diversas cuestiones sobre todo lo que fue. Adorado en tiempos anteriores, la deidad se preguntaba donde quedaron aquellos dorados momentos en los que con solo oir su nombre los humanos se estremecían. Fue querido por muchos y odiado por otros tantos, pero tenía su lugar en el palacio de ensueño de los dioses. Había sido el guía en innumerables batallas, gestas que acabaron con la vida de cientos y cientos de personas dispuestas a darlo todo por su protector. Ofrendas y oraciones le llegaban a lo largo de los días y templos se construían en su honor. Pero cuando los hombres decidieron entregarse a la ciencia y olvidar a los temibles dioses, este se ganó las vacaciones eternas. Y ahora se encontraba apoyado en un balcón, mirando a las estrellas en la oscura noche, con la armadura colgada en su armario, recordando los viejos tiempos.


¡Oh gloriosos tiempos aquellos!


Esa noche, Marte tuvo un sueño placentero. Soñó que huía de su hogar al planeta que su nombre poseía. En él, lo esperaban copiosas tropas, dispuestas a garantizarle una batalla eterna como ofrenda a su persona. Los soldados, divididos en dos bandos, a saber, el bando azul y el bando violeta, gritaban su nombre al levantar la espada y morían satisfechos por haberlo hecho. Al saber de este asunto, los otros dioses, celosos, enfurecieron sobremanera. Y en sus respectivas estrellas o planetas, lanzaron un ataque contra la divinidad en cuestión. Mas nada de esto sirvió para algo; aquel que se enfrentara a él y a sus tropas unidas, caía rendido en la lucha. El Dios volvió a levantar la espada y acabo con la existencia de los demás dioses en una lucha sin cuartel. El nombre de Marte se expandió por la Vía Láctea, coronándose como el Dios supremo. Todos volvían a aclamarlo, y el reía y reía, victorioso por su hazaña.


. . .


Al despertar, Marte estaba en un estado de euforia y placer inimaginable. Acababa de acontecer lo que podría llamarse “el sueño húmedo del Dios de la Guerra”. Le gustaba imaginar que, cada vez que soñaba cosas así, una batalla estaba por comenzar en algún lugar. Como antiguo Dios, creía que sus sueños se expandían mas allá de los limites de su imaginación. Y con una sonrisa en su rostro, se posó en su balcón a visualizar el mundo; echó la mirada a los países árabes; una guerra estaba por comenzar. Le encantaban estas cosas. Eligió a un bando al azar y comenzó a animarlo. ¡Sangre, fuego, muerte! - gritaba, contento, con los ojos envueltos en llamas. Con esto, estaría entretenido un rato…


No hay mas placer que donde yace el sueño de Marte y se expande.

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