Cada uno de los soles que coronaban los millones de trayectos que
marcaban mi mapa de viajes se apagaron de repente, sin ruidos, sin explosiones.
Los castillos que solía visitar son la reminiscencia de la abundancia; cada una
de sus princesas murieron de soledad, jóvenes y en la agonía del desamparo. La
luz que bañaba el valle de la ilusión se trasformó en la oscuridad que nutre el
camino del olvido. Cientos de historias quedaron inconclusas , dejando un sabor
amargo en cientos de finales que podrían haber sido sorprendentes. Deseché
todas las cartas de mi mano, y a mis manos se les cayeron los dedos. Todas las
emociones se mezclaron para dar lugar a una sola, una que no le deseo a nadie
en todos los universos conocidos y sin conocer. Me quedé solo… solo en un
paisaje de increibles dimensiones cuya única característica a día de hoy es la
nada absoluta… flotando… pensando en lo que pudo ser. Las musas me son
infieles, los dioses se ríen de mí y me ponen a prueba en hazañas imposibles de
realizar para un humano normal y corriente; y cuando las cumplo, comienzan otras
nuevas en las que se multiplica la dificultad… y ellos, a carcajadas, se
divierten con mi sufrimiento. Los muros de mi mente se han derrumbado; ya no
hay ni locura ni cordura para un servidor.
Y es que ya no recuerdo los tiempos anteriores… y doy gracias a
ello, aunque parezca mentira, porque hacerlo solo acabaría destruyéndome. Al
borde de la no-existencia, y mirando de reojo al pasado, maldigo con todas mis
fuerzas (y de todo corazón, no soy un hombre que haga esto a menudo) aquel
maldito día en que deje de soñar. ..

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