lunes, 11 de junio de 2012

La Flor y el Monstruo


La vieja Flor se marchitó, pero no fue para morir. Del lugar donde su último pétalo fue a caer, al cabo del tiempo, surgió otra flor, de semejante apariencia; mas sus espinas, alrededor de todo su tallo, hacían imposible que cualquier mano fuera capaz de arrancarla. Y esta fue testigo de inmensurables cambios en  el paisaje que la rodeaba, impidiendo con su aura que nada fuera capaz de florecer en la cercanía de su existencia más allá de su belleza. Siempre solitaria…

Mi mente experimenta continuos cambios, consecuencia de todo lo que aprende en su día a día. Ya no recuerdo si elegí traspasar la puerta del Conocimiento Universal, aunque, si es cierto que no volvería hacia atrás, al mundo de las tinieblas en el que todos nacemos. Tampoco me considero un salvador, alguien que deba enseñar a los demás la verdadera perspectiva de las cosas;  cada cual debe recorrer su propio camino antes de abrir por segunda vez los ojos…

Aunque tratar de comprenderlo todo intente, no se aun si puedo aguantar ser así en el mundo de los humanos sin llegar a destruir todo cuanto me rodea. Mi ser ha llegado a un punto en el que necesita expandirse más allá para no…

-¡Mírame! ¡Mira lo fuerte que se ha hecho el monstruo que hay en mí…

Si quieres salvarme todavía estas a tiempo… Dispárame a la cabeza y, cuando abras por segunda vez los ojos, nos encontraremos allí…


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