jueves, 29 de diciembre de 2011

El Astro Rey

Hallábanse conversando un hombre y un Dios sobre temas trascendentales, dentro de las estancias mentales del primero que, a su vez, eran influenciadas por la existencia imaginaria del segundo.


-Y dime, humano, que harías tú en la situación que esta por acontecer en tus oídos. Imagina que vives en una ciudad en la que, a lo largo de los siglos, los edificios han ido aumentando en número y de tamaño de una manera sobrenatural, tanto que han conseguido formar una cúpula que tapa absolutamente el cielo y, por consecuencia, el Sol. La ciudad posee su propio sistema de iluminación y sus habitantes no pueden distinguir entre la noche y el día más que por la hora que indique su reloj. Sigue imaginando y visualízate en una vida en la que has nacido en esa ciudad, una vida en la que todos los que te rodean, incluido tú, estáis recluidos en ella sin la oportunidad de salir de allí.


-Extraña la situación que me haces crear en la cabeza, dijo el humano.


-Solo conoces el Sol por lo que las historias cuentan de el. En tus ideas, la estrella es una inmensa bola de fuego que vive suspendida en un infinito azul al que llaman cielo, y te parece tanto una locura como algo mágico.


-Sin lugar a dudas me lo parecería…


-Imagina entonces que, por motivos desconocidos, eres condenado a salir de la ciudad. De Repente, te descubres los ojos de una venda y te encuentras en una extensión al aire libre donde el “horror vacui” de los edificios ha desaparecido. La claridad lo rodea todo y, al instante, alzas la cabeza y lo miras fijamente: el desconocido y brillante Sol. El esplendor de sus rayos dorados te cautiva a la vez que te causa un enorme dolor en los ojos. ¡Pero es lo más maravilloso que jamás habías visto! ¿Despegarías la visión del cielo y volverías a ponerte la venda o soportarías el dolor hasta tal punto que tus ojos no aguantaran más y, ciego, caerías desplomado?


-¿Si, tal como lo describes, fuera la cosa mas maravillosa que mis ojos jamás vieron, de que me servirían estos sin poder volver a mirarlo nunca mas? ¿No es acaso la mayor satisfacción de un elemento alcanzar la perfección con sus propiedades? Preferiría morir ciego a no volver a vislumbrar durante el resto de mi vida la infinitud del cielo coronado por el Astro Rey.


Y el Dios, sorprendido a la vez que satisfecho con la respuesta del hombre dijo:


¡Cáspitas!






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