martes, 4 de octubre de 2011

Diario de cambio de estación: Verano-Otoño


Se fue el verano… Se retiro por la puerta de atrás, sin despedirse siquiera; sin decir ni una sola palabra. Y de hecho, sabia que no había sido un buen verano. Marchose con la cabeza baja, arrepentido y, me gustaría pensar que, con lagrimas en los ojos.

Siempre fui un amante de esta estación, pero, si os soy sincero, este año estaba dejando mucho que desear. Le acabe cogiendo asco y estaba empezando a odiarlo.

Yo nunca había sido así.

Y vino el otoño, tímido, intranquilo, con el corazón en forma de hojita seca. En mi ciudad seguía haciendo calor y parecía que no se iba a acabar en unos meses. Quizás sea por la alta temperatura que reinaba en el ambiente mezclada con el como me sentía por dentro, o quizás no, hoy he experimentado algo diferente.

Tenía una furia incontrolable dentro de mi cuerpo… Nunca me he considerado una persona violenta, ¡jamás! Siempre he preferido recibir para no tener que experimentar el peso de haber golpeado, por supuesto, con sus respectivas consecuencias. Más hoy una ira inmensurable se había apoderado de mi cuerpo. Dicho claramente, tenia ganas de partirle la cara a alguien.

Y yo, nunca había sido así.Cursiva

Y esa furia, en algunos momentos se metamorfoseaba en una tremenda pena al recordar alguna sonrisilla que otra… en realidad, una sonrisilla en concreto, pero bueno. Es eso. Esa es la cosa; el sentir dentro de tu cuerpo que la furia se transforma en pena, y la pena se torna furia. Es la típica imagen de aquel que destruye una pared a puñetazos mientras las lágrimas le inundan el rostro...

Y como así me siento, así lo escribo.

Si pudiera volver un año atrás, escribiría acerca de lo fabuloso que fue aquel verano, y, respectivamente, de lo bien que me sentía en ese momento; momento en el cual jamás me imaginaria que acabaría siendo yo el que destrozara una pared llorando. Pero no os confundáis, no he roto ni voy a romper ninguna pared; necesito estas manos en buen estado para poder seguir escribiendo…

Se fue el verano y vino el otoño. No pude despedir al primero, pero me quedare sentado y escuchando atentamente que es lo que tiene que contarme el segundo.



Que el Sol mastique mi ira, y la Luna beba mis lágrimas.


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