-¿Quieres que te cuente un secreto?- Le dijo la Musa al Fuego una noche mientras estaban reunidos en medio del bosque.
-Sabes que siempre quiero escuchar lo que tienes que contarme- Le respondió este mientras ardía.
-Puedo pasar entre tus llamas sin llegar a quemarme nunca… Increíble, ¿verdad?
-Realmente no me sorprende del todo -contesto el Fuego amablemente- pues de tu ser, del brillo de tus ojos se deben mis llamas, se debe esta incandescencia que jamás se apagará por mas que la acción ajena lo requiera. Tú fuiste mi inspiración…
Y la Musa se acercó al Fuego, lenta, decididamente, y se introdujo dentro de el, haciendo que su color se avivara mas increíble que nunca. Y las llamas alcanzaron el cielo e iluminaron toda su extensión, creando una escena maravillosa…
Casualmente, un poeta que paseaba por allí, intrigado por el brillo, se acercó y pudo ver la escena en su máximo esplendor. Y, al llegar a casa, escribió lo mas bonito que había escrito jamás.
Pero esa historia ya os la contaré en otro momento.
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