Subí a la montaña el día señalado: aquel en que el cielo despertara rojo como el fuego. Tras sudar sangre y ácido escalando rocas que, por su antigüedad, podrían haber estado presente en la creación de la tierra, conseguí llegar a la cima. Esta estaba habitada únicamente por una pequeña casa…
Andé hacia adelante, encaminándome a la puerta; la golpee estremecido, espere algo asustado… Realmente no se si fueron diez segundos o dos horas, pero la puerta se abrió lentamente dejando mostrar algo de extrañas dimensiones…
Me esperaba cualquier cosa, quizás por eso no di media vuelta ante lo que tenía frente a mis ojos. Estaba encapuchado, con una túnica que cubría todo su cuerpo a excepción de su cara. ¡Ese rostro, Dios mio, no era mas que una copia exacta del mio! Los duendes de la locura le estaban devolviendo todo lo que se merecía a mi cordura.
Y alzando la voz, mi yo encapuchado dijo:
-Si ya estas aquí, comencemos, pues, con lo acordado. Solo de ti depende soportar lo que te adviene, de ti depende conservar tus sentidos y no volverte loco.
De repente me encontraba en un desierto negro (el cielo seguía siendo similar a las llamas). No pude contarlas realmente, no se si por el miedo, o porque simplemente aparecían y desaparecían al azar, pero allí danzaban una treintena de mujeres, de diferentes aspectos, desnudas y entregando su cuerpo al placer de una bebida que las descontrolaba realmente y a la danza que esta le provocaba.
¿Cuan bella y siniestra estampa se plasmaba ante mis ojos? Aquel paisaje oscuro, aquellas ménades danzando tan salvajemente…
Y todas me miraron. El silencio que anticipa al sonido de sus cuellos girando hacia mi hizo que se me erizaran todos los pelos de mi cuerpo. Tornaron sus ojos al blanco más puro y se aproximaron hacia mi. Yo, sin darme cuenta, me encontraba atado a una columna, la cual juraría, no se encontraba antes allí.
Con los ojos en blanco y mirándome, comenzaron a recitar algo, creo que en latín, que me sobrecogió, no por lo que significara en si, sino por las voces de ultratumba que emergían de sus bocas. Entonces, una de ella se acerco a la columna, y con un puñal en mano, arrancome el corazón… mas no por ello caí muerto, ni siquiera lo sentí…
Con mi corazón en la mano, aumentó el tamaño del mismo y todas se acercaron a comerlo. El éxtasis que debieron sentir seria supremo, pues comenzaron a gritar tan fuerte que todo su cuerpo se vio envuelto en llamas hasta que, al instante, se convirtieron en cenizas.
Más allí estaba yo, en una extensión infinita y blanca, etérea y virgen, flotando como flota el polvo estelar en el cosmos. Una luz azul se presento ante mí y escuche en mi cabeza el mensaje que quería transmitirme:
-De ti depende, humano ya no mortal en lo onírico, el guiar en el sueño al siguiente elegido por los dioses infames para soportar la locura. Pues vosotros, al pasar esta prueba, y una vez fallezcan vuestros recipientes mortales, os convertiréis en Ángeles universales que vagaran por el espacio, hasta el fin de la eternidad, para alcanzar el conocimiento infinito…
Y como otras tantas veces, me desperté en mi cama…
Extraño sueño

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