Existe una balanza imaginaria en la que sopesan todos los actos de una persona.
En uno de sus platos se carga el peso de los buenos momentos, los sacrificios, los recuerdos compartidos y felices, las situaciones agradables... donde se carga todo el amor.
En el otro, solo están los malos momentos, las acciones llenas de vergüenza en pro de lo que nos arrepentimos, la furia, la ira...
Es curioso como, en todas estas balanzas imaginarias (una por cada persona existente en este mundo) el plato que siempre bajara por su propio peso es el malo. Mas aunque exista una montaña en el primero y un grano de arena en el segundo, siempre dominara, y por lo tanto, juzgará, el plato mas oscuro, el que menos nos gusta recordar.
Y yo muero de tristeza y lo hago en cada segundo, no al saber que esto es así, porque desgraciadamente, lo se. Lo hago al aceptar que tenga que ser así, puesto que, en cada camino, el simple tropezar de una piedra puede hacerte empezar desde el principio sin importar todo lo recorrido.
Y eso es tan duro..
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