Tengo mucho miedo.
Los días pasan muy despacio, tanto, que lo que en un reloj representan veinticuatro horas, para mi, son dos eternidades. Y eso hace sentirme mucho mas viejo, mucho mas que los veinticuatro años que pesan sobre mi existencia. Las noches me provocan un absoluto terror; es en ese momento cuando mas solo me siento, solo y desprotegido. Mas una parte de mi mente se siente descansada cuando consigo conciliar el sueño... pero solo es un instante:
Sueño con ella, con ella totalmente feliz y atemporal. Sueño con momentos cotidianos en los que disfrutamos el uno del otro sin ningún factor que pueda destruir nuestra complicidad. Es entonces cuando llega ese momento en el que descubro que me encuentro dentro del mundo onírico y, como si me atravesara un espíritu, todas las emociones se vuelcan dentro de mi ser proyectado y siento el mayor de los miedos, el que es producido por no estar a su lado en la noche.
Entonces abro los ojos y lloro, normalmente, durante un par de horas.
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