domingo, 6 de enero de 2013

Entre dos mundos

Cuando la complejidad mas absoluta envuelve al sistema, este tiende a bifurcarse hacia dos o mas vertientes.

Mi mundo de siempre se ha dividido en dos. Sus habitantes están en una u otra parte, viviendo su vida con total normalidad.

En uno de ellos se encuentra mi ejército, con el cual, tantas batallas gané, que, hoy día nuestro emblema se conoce allá por donde se camine. Pero de eso hace ya mucho tiempo... Ahora, cada soldado responde a sus propios ideales, como es de esperar en alguien de esa estirpe. No les importa traicionar, engañar, matar... ; se han convertido en unos mercenarios.

En el otro se encuentra mi inspiración; aquello por lo que un día podría haber llegado a morir. Esta es dueña de mi descendencia, lo cual no le recrimino en absoluto. Cuando se alimenta a la inspiración, esta puede llegar a crecer tanto que acaba dominándote. Entonces se nutre del veneno de mi tristeza y me destroza con una sola mirada, con un solo roce de sus dedos... y se aprovecha de la debilidad de mis sentidos para seguir creciendo a mi costa, cubriendo con su sombra todo mi espíritu.

Y yo estoy en medio. Ni quiero responder ante un ejercito que no tiene valores, ni quiero dominar a una inspiración que se burla de mis acciones.

Entre dos mundos, flotando en lo que yo llamo el vacío existencial, pensando, pensando, pensando...

Si abandono el sistema, este se acabará desmoronando, como es lógico, pero ya estoy muy cansado; tan cansado que mi alma envejece a cada segundo, robándome la alegría que me caracterizaba antiguamente.

Voy a dibujar una puerta y después voy a abrirla. Quiero escapar como un cobarde, aunque haya quien no se lo merezca, porque ya no aguanto mas este sufrimiento que me envuelve. Quiero conocer nuevos mundos en los que yo solo sea un habitante mas y no tenga que responder ante algo que no merece la pena. Y, por supuesto, quiero dejar de estar triste.

Soy un cobarde, entre otras cosas, porque me he rendido, pero si continuo donde me hallo me va a acabar absorbiendo el agujero negro de la locura y, siendo un poco egoísta, puede que en algún lugar se encuentre alguien con quien merezca la pena continuar.

Así, pongo fin al viaje por el camino que tantos años llevo construyendo para empezar uno nuevo. No tengo punto de partida ni tengo un destino concreto. No tengo equipaje ni dinero, no me llevo conmigo ninguna ilusión, tan solo un puñado de recuerdos que me gustaría poder olvidar pero que, como es evidente, no puedo.

Y para aquellos que como yo se encuentren entre dos, tres, cuatro o quien sabe cuantos mundos, paciencia, valor para ser cobarde, para escapar.

Así pues, da comienzo el año que puede convertirse en el mejor de mi historia, o en el peor de mi sufrimiento.

ZERO

No hay comentarios:

Publicar un comentario